29 agosto 2013

Mary Fairfax Somerville: lo científico sublime


Cuenta una anécdota que, casada con su segundo marido y participando en una reunión con Laplace y otros científicos, alguien afirmó que apenas una docena de matemáticos eran capaces de leer la compleja obra de Laplace y desde luego sólo dos mujeres y ambas escocesas: la señora Craig y ella, la señora Somerville. Ambas eran la misma persona. Tras los apellidos de los maridos, a veces cambiantes, la autoría de destacadas mujeres de ciencia se diluye en una Historia de la Ciencia que no les ha prestado atención. Mary Somerville (1780-1872) es sin duda una de las grandes olvidadas.

Mary Somerville , llamada “la reina de la ciencia en el siglo XIX” en el obituario publicado por The Morning Post, el 2 de Diciembre de 1872, es conocida por ser la traductora de Mécanique Céleste de P. S. Laplace con el título The Mechanism of the Heavens (1831). En esta obra incluyó una Disertación Preliminar que contribuyó a la introducción de las matemáticas continentales entre los lectores ingleses ya que incluía las herramientas conceptuales necesarias para la comprensión del texto, así como una historia de los avances en astronomía y una contextualización, elucidación, e interpretación del trabajo de Laplace. Esta ‘traducción al lenguaje común’ hizo que el libro y la Disertación se convirtieran en los textos centrales en los cursos de matemáticas en Cambridge y que formaran parte del proyecto de creación de la Library of Useful Knowledge impulsada por Lord Brougham, si bien finalmente hubo de encontrarse otro editor ante la magnitud de la obra.



Mary incorpora en su trabajo un esquema interpretativo que ‘suaviza’ el esquema mecanicista y determinista de Laplace y presenta un universo vivo, lleno de luz y color. Esta obra la sitúa en la élite de la ciencia. En tal sentido, forma parte del círculo de la bióloga y química Jane Marcet, John Herschel, Charles Babbage y Ada Lovelace, de quien es instructora y amiga, Faraday o George Peacock, entre otros. Con este primer trabajo de 1831 obtiene una merecida reputación científica. Mary había presentado en 1826 en la Royal Society el estudio basado en experimentos realizados en su jardín «The Magnetic Properties of the  Violet Rays of the Solar Spectrum», publicado en Philosophical Transactions.  En 1834, publica On the Connexion of the Physical Sciences, un amplio tratado sobre la interdependencia de los fenómenos físicos y las conexiones entre las ciencias físicas. La obra trata sobre astronomía física, mecánica, magnetismo, electricidad, sobre la naturaleza del calor, el sonido y la óptica además de la meteorología y climatología. La comprensión de los cielos se unía así al deseo subsiguiente de comprender los fenómenos terrestres, pues estaba convencida, y este convencimiento es una constante en el conjunto de su obra, de la profunda unidad natural que subyace en todo el universo. Faraday revisó varias ediciones de la obra, que llegaron a diez, además de las traducciones al francés, alemán e italiano, y de la que se venden más de 15.000 ejemplares. 



A través de sus reediciones en los cuarenta años siguientes se advierte la evolución de la ciencia en estos temas ya que la obra era escrupulosamente puesta al día. Un dato importante a considerar es que en la reseña de esta obra que realiza W. Whewell, Master del Trinity College de Cambridge, aparece el  primer uso público del término ‘científico’: W. Whewell, «On the connexion of the physical sciences. By Mrs. Somerville», Quarterly Review, 51, 1834, pp. 54-68. Whewell había propuesto el término en 1833 en una reunión de la British Association for the Advancement of Science. En la reseña establece dicho término como análogo a “artista” o “economista”, y lo define de modo general como “un nombre con el cual podemos designar a los que estudian el conocimiento del mundo material colectivamente..., un término general con el que los miembros (de BAAS) pueden describirse a sí mismos con referencia a sus metas”. Estamos en un momento en el que la profesionalización, especialización e institucionalización de la ciencia aún no se habían producido.

En 1848, ve la luz Physical Geography. La obra estaba lista para la imprenta cuando se publica el primer tomo del Kosmos de Humboldt, lo que estuvo a punto de hacer que Mary desistiera de su publicación y que destruyera la obra quemándola. Pero la envía a J. Herschel, quien recomienda su inmediata publicación. Se convierte también en el texto de referencia en las universidades inglesas durante los siguientes cincuenta años. La obra incluía una descripción de la estructura global de la tierra y otras características de la misma comenzando con las fuerzas que dieron lugar a los continentes. Estudia también los elementos más dinámicos del paisaje natural: las mareas, los ríos y los lagos, y las fuerzas que actúan en ellos, incluyendo las que gobiernan la temperatura, la luz y el color, la electricidad, las tormentas, la aurora y el magnetismo. Incluye una descripción del mundo vegetal de acuerdo con su distribución geográfica; la descripción de los insectos, los peces y los reptiles de acuerdo con esa misma distribución y la descripción de los pájaros y de los mamíferos por continentes. Finalmente, muestra la distribución y condición de la raza humana: hace repaso a las teorías sobre sus orígenes, las costumbres, el  lenguaje y las cotas de progreso alcanzadas por la humanidad. 

 










Una anciana pero lúcida Mary Somerville publica dos textos más,  Molecular and Microscopic Science, en 1869, en los que incluye los más recientes descubrimientos en química y física y, finalmente, su propia correspondencia, recogida en Personal Recollections: Cartas y notas seleccionadas por su hija, Martha Somerville y publicadas en 1873 como Personal Recollections, from Early Life to Old Age, of Mary Somerville, John Murray, Londres. Existe una edición actual de Dorothy McMillan, Queen Of Science. Personal Recollections of Mary Somerville. Cannongate, Edinburgh, 2001.



Junto a su labor científica hemos de destacar su continuo compromiso con la educación y la conquista de derechos de las mujeres. Como afirmó J. Stuart Mill, ella encabezó la lista de firmantes del manifiesto por el sufragio para las mujeres, también formó parte del movimiento anti-vivisección y se trasladó a vivir a Italia en la década de los cuarenta criticando ‘el prejuicio irracional que prevalece en Gran Bretaña en contra de la educación literaria y científica para las mujeres’. Paradójicamente creía que, a pesar de todo, a las mujeres les faltaba el ‘genio’ científico. Esta afirmación la hace en la octava edición de Connexion of Physical Sciences, al introducir la novedad del descubrimiento de Neptuno (1846) tras la computación de la órbita de Urano. La idea, había afirmado Adams, surgió tras la lectura de una edición anterior de la obra de Mary. Efectivamente, en la sexta edición publicada en 1842, puede leerse:

«Those of Uranus, however, are already defective, probably because the discovery of that planet in 1781 is too recent to admit of much precision in the determination of its motions, or that possibly it may be subject to disturbances from some unseen planet revolving about the sun beyond the present boundaries of our system. If, after a lapse of years, the tables formed from a combination of numerous observations should be still inadequate to represents the motions of Uranus, the discrepances may reveal the existence, nay, even the mass and orbit, of a body placed for ever beyond the sphere of vision».

Aún así, este aspecto del descubrimiento del planeta ha sido ampliamente ignorado por la historia de la ciencia.

La Royal Society situó su busto en el Great Hall. Fue miembro honorario de las más destacadas Sociedades Científicas y recibió una pensión del gobierno. Jane Marcet le escribió:
«You receive great honours, my dear friend, but that which you bestow on our sex is still greater, for with talents and acquirements of masculine magnitude you unite the most sensitive and retiring modesty of the female sex». Personal Recollections, (2001, 168)



Mary Somerville es, probablemente, una de las grandes olvidadas por la historia de la ciencia. Los primeros trabajos historiográficos de Mary Somerville como científica, más allá de las pequeñas reseñas incluidas en las historias de las mujeres matemáticas son los de E. C. Patterson: «Mary Somerville», BJHS , Vol. IV, nº16, 1969, pp. 311-339; «The case of Mary Somerville: An aspect of nineteenth century science», Proc. Amer. Philos. Soc., 118, 1974, pp. 269-275. y Mary Somerville and the Cultivation of Science 1815-1848. The Hage, Nijhoff. Kluwer, 1983. A lo sumo, ha sido incluida en los listados de mujeres matemáticas famosas y sus reseñas biográficas son tan cortas como superficiales y parciales. Otros relatos ‘no críticos’ y deudores aún de la concepción de la historia de la ciencia como un simple panteón de descubridores la han retratado como una popularizadora o figura de menor interés.

Pero Mary Somerville fue una eminente científica, su nivel de conocimiento de la ciencia fue muy alto, su participación en la comunidad científica de su época fue muy amplia, sus contribuciones al avance de la ciencia fueron fundamentales, el reconocimiento que recibió por parte de sus coetáneos y del gobierno en forma de pensión reflejan también su importancia como científica, y los criterios de cientificidad que se aplicaron a su trabajo fueron los mismos que se aplicaban a los trabajos de sus ‘colegas científicos’. Formó parte de las mejores Sociedades Científicas de Europa y América, y vendió miles de ejemplares de sus obras.

Otros elementos pueden sumarse a la lista propuesta para ofrecer una imagen contextualizada e integrada de la significación de Mary Somerville, pero probablemente la mejor forma de mostrar tal reconocimiento sea ofrecer la voz a sus coetáneos. Como mencionamos anteriormente, W. Whewell redacta en 1834  la reseña de On the Connexion of the Physical Sciences para The Quarterly Review, forum de los debates científicos más avanzados de la época. En ella dedica gran número de reflexiones al problema de reconciliar las cualidades de la mente de Somerville con los prejuicios convencionales acerca de la inferioridad mental de las mujeres. Como sus contemporáneos, creyó que había un ‘sexo en las mentes’. Pero tampoco estaba satisfecho con la idea de considerar a Mary como ‘una excepción a la regla de las limitaciones femeninas en lo referente a la empresa intelectual’. Por lo tanto, crea una nueva categoría para incluirla: la élite de las matemáticas eminentes, entre las que cita a Hypatia, Maria Gaetana Agnesi y Mary Somerville, cuya cualidad mental es la de una ‘iluminación peculiar’ que hace que tengan el mérito de ser profundas y la gran excelencia de lograr la claridad. Uno de los aspectos más notables que Whewell presenta es que esta iluminación, como sugiere Neeley en Mary Somerville. Science, Illumination and the Female Mind. Cambridge University Press, 2001, no es una versión inferior o diferente del intelecto masculino, sino que es en algunos aspectos superior a la mente filosófica masculina. La admiración que Whewell refleja en estas páginas por las mujeres filósofas capaces de alcanzar tal claridad es expresada poéticamente estableciendo la diferencia entre unos y otras. A diferencia de los hombres, afirma, perdidos en las nubes de las palabras, la mente femenina es capaz de elevarse sobre los conflictos que dejan perplejos a los hombres, y su tendencia  a la complejidad; y el conflicto se contrapone a la característica que observa en el trabajo de Mary Somerville: la brillantez de su claridad, la lucidez con que advierte la interconexión entre todas las fuerzas de la naturaleza.

Es tremendamente instructivo leer estas páginas de Whewell en el análisis propuesto por Neeley. Nos permite repensar y revisar las asunciones sobre las mujeres, el género y la ciencia, así como repensar las relaciones entre la eminencia lograda por Mary Somerville y las categorías y conceptualizaciones tradicionales sobre las mujeres y la ciencia. Más instructivo aún es leer la selección de cartas publicadas en Personal Recollections. Mary es considerada como un miembro del grupo de W. Wallace en Edimburgo, y comparte el interés por el desarrollo y mejora de la instrucción matemática en Inglaterra. Este tema  preocupa también a los ‘hombres de Cambrigde’: Playfair, De Morgan, Ivory, Wallace, Paecock, Whewell, Babbage, y, por supuesto, Herschel. De hecho es invitada al Trinity College, donde recibe honores de eminencia científica tras la publicación de su obra sobre Laplace.

La relación más estrecha la mantiene con J. Herschel, quien se convierte en su amigo, revisor, crítico y colega. Junto a Faraday, son los amigos y contactos más importantes en el contexto de la red de colaboradores de la que forma parte. Es importante señalar que en la reseña que Herschel hace de Mechanism afirma que su trabajo será un fuerte estímulo para el estudio de la ciencia abstracta. El reconocimiento que logró por parte de sus coetáneos es razón más que suficiente para reclamar un análisis más profundo del personaje a través de la inmersión en el escenario, los valores y los debates de la época haciendo surgir así las características de la ciencia del momento en que vive.

La historia de las mujeres de ciencia permanece aún como un campo disciplinar aislado y debe ser un objetivo inmediato crear narrativas históricas integradas y más satisfactorias de la participación de las mujeres en la ciencia. Un enfoque integrador que subraye el entramado de sus relaciones, cómo fue percibida por sus contemporáneos y el reconocimiento y autoridad que le otorgaron. Lejos de los estereotipos relacionados con las mujeres interesadas en ciencia, quienes han sido valoradas como  amateurs, divulgadoras o popularizadoras, Mary Somerville puede ser considerada según los criterios de cientificidad de la época una científica, que escribe y dirige sus libros a lectores expertos, sus iguales y colaboradores. Además, puede ser considerada como una de las intelectuales más importantes de la época, como otros miembros de clase media que buscan o abogan por un cambio en la sociedad y aseguran su posición a través de la promoción de la ciencia y otras reformas (por ejemplo, el sufragio universal). Mary juega un papel instrumental en desarrollar y diseminar una visión de la ciencia que ayudó a promocionar la unidad cultural que situó a aquélla en el contexto de la agenda liberal y social.
               
Lo científico sublime: retórica y naturaleza viva.

                Como ha estudiado Margarita Santana, tradicionalmente se han rechazado u omitido las dimensiones retóricas de la ciencia: el discurso científico está absolutamente separado de otras formas de discurso, y más en concreto, de lo que son las formas literarias del discurso. Ciencia y literatura se han presentado como antagónicas: existe entre ellas un hiato insalvable. En la escritura de Somerville, sin embargo, conviven y coexisten conjuntamente la poesía y la ciencia, la imaginación y las matemáticas, la religión y la ciencia, el mundo del telescopio y el del microscopio, lo cósmico y lo cotidiano. M. Somerville combina amplitud de visión y profundidad de comprensión con claridad de percepción, y todo ello sin sacrificar la complejidad para lograr la claridad; así, une la complejidad de la ciencia y de la matemática con una certeza que le permite pasar la antorcha del conocimiento a otros. Estas cualidades suyas combinan el poder perceptivo de la ciencia con la poesía para ir más allá de la experiencia ordinaria y presentar una visión del mundo que está delineada de modo preciso, es fácil de comprender, y agradable de contemplar. La grandeza en la literatura y en la ciencia se asocia con la visión sublime revelada a través de esa mente que ve más y más claramente que otras, que comprende lo enorme y lo diminuto y lo sintetiza todo en una visión coherente y unificada. La escritura de Somerville evoca lo científico sublime, la capacidad de ver la naturaleza revelada a través de la ciencia para evocar el mismo sentido de majestad y poder que los seres humanos sienten en presencia de Dios. La ciencia es “cálculo exacto” y “meditación elevada”, todas las cualidades de la mente divina, que están duplicadas en la mente humana:

«Science, regarded as the pursuit of truth, which can only be attained by patient and unprejudiced investigation, wherein nothing is too great to be attempted, nothing so minute as to be justly disregarded, must ever afford occupation of consummate interest and of elevate meditation. The contemplation of the worlds of creation elevates the mind to the admiration of whatever is great and noble, accomplishing the object of all study, which in the elegant language of Sir James Mackintosh is to inspire the love of truth, of wisdom, of beauty, specially of goodness, the highest beauty, and of that supreme and eternal mind, which contains all truth and wisdom, all beauty and goodness. By the love or delightful contemplation and pursuit of these transcendent aims for their own sake only, the mind of man is raised from low and perishable objects, and prepared for those high destinies which are appointed for all those who are capable of them» Preliminary Dissertation to Mechanism of the Heavens.

Mary adopta la tradición poética establecida por Milton y los poetas del siglo XVIII, y los poetas románticos de principios del XIX, y la transforma en prosa científica. En este proceso crea una retórica poderosa y persuasiva para la ciencia que se basa en nuevos modos de ver y responder al mundo natural. La ciencia es una actividad colectiva y también una empresa progresiva, progresista e iluminadora que es compatible con, y además apoyo de, tradiciones morales, estéticas y religiosas. La iluminación que proporciona puede ser transformada en iluminación para los seres humanos, y, del mismo modo que la poesía, puede concebirse como una forma elevada de percepción y expresión, con su carácter dinámico y polifacético. El placer estético, pues la ciencia es un encuentro con la bondad, la belleza, y también con lo útil, y el progreso de la ciencia aumentan la percepción de unidad, la contemplación del universo como un todo interconectado, con sus dramas, complejidades y vastedad, un universo vivo, vívido, cálido, y estéticamente satisfactorio entendido, con todo, científicamente. Somerville es capaz de mostrar los modos en que se relacionan la estética y los placeres intelectuales de la ciencia, combinando y fusionando el discurso analítico, cuantitativo, y la dimensión estética de la misma en un todo sin fisuras, con el contenido científico dominando y el elemento estético añadiéndole poder, significado y placer. Subraya así el papel que el drama, la visualización, la imaginación, y lo estético pueden jugar en los discursos científicos.


Su visión del mundo es claramente un modo de percepción holista y multifacético, dinámico, desplegado a través de patrones descriptivos y marcos interpretativos como la plataforma cósmica, el rastreo de laberintos, la naturaleza como un teatro épico, y el paisaje vívido. La complejidad y el aparente caos se captan y resuelven en un amplio patrón de simplicidad y orden. El cosmos es un sistema completo, armonioso y ordenado, la interdependencia y la interconexión son principios fundamentales de la naturaleza, pero también de la ciencia y de la experiencia humana. En la escritura científica de Somerville la naturaleza es activa, y ella la observa atentamente y la retrata dramáticamente. No es una observadora pasiva sino interactiva que entra en la naturaleza imaginativa y analíticamente, y obtiene una comprensión conceptual firme de la mayoría de los fenómenos que observa. La viveza de su retrato deriva en gran parte de su habilidad para conjugar los discursos de la ciencia, del drama, la poesía, la estética, la filosofía y la teología, y lo conjuga todo en una especie de tapiz tridimensional que retrata un mundo activo tal como es visto científicamente. Aproximándose a la ciencia desde perspectivas diferentes proporciona una visión de la misma que incluye sus métodos, temas, conclusiones principales y motivaciones, su significación práctica y filosófica, y sus satisfacciones estéticas e intelectuales.

Para Mary Somerville, la ciencia juega un papel esencial en el contexto de una visión progresista de la cultura, y puede servir como foco de una visión unificadora sólo si está relacionada claramente con otros aspectos de la misma, y si apoya otras metas materiales, sociales, morales, políticas, y religiosas. Crear y promover tal visión tenía un componente intelectual y retórico, requería conocimiento amplio y profundo y habilidades persuasivas, cualidades todas que ella poseía en alto grado.


Este texto es una selección actualizada de los aspectos tratados más ampliamente en: I. Perdomo y Margarita Santana, Mary Fairfax Somerville: lo científico sublime. Clepsydra, Revista de Estudios del Género y Teoría Feminista, pp. 25-36, 2004. ULL.

03 agosto 2013

Matemáticas, Creatividad y Romanticismo. Ada Byron Lovelace

 Ada Byron Lovelace  (1815-1852)

Leo en estos días de verano el Premio Málaga de Ensayo 2012, (H)adas, de Remedios Zafra, un delicioso libro sobre mujeres que crean, programan y teclean, y reflexiona la autora sobre el sonido del tiempo propio de las mujeres cuya labor no reconocida, por no producirse en los límites del espacio de la autoridad, del espacio de la labor profesional reservados a los hombres, exige el esfuerzo de la reconstrucción, del relato no ortodoxo, del desvelamiento de las claves de la ocultación. En los márgenes, en las fronteras entre el espacio público y privado, en las lindes de la creatividad y la imaginación alimentada por una educación científica cuidada en la época del Romanticismo se oculta o se desvela a medias tras las iniciales A.A.L. con las que firma, la genial contribución de Ada Byron, o Ada Lovelace. Y recupero mis notas de una conferencia pronunciada hace años sobre ella y otras mujeres matemáticas que me permitieron trazar una genealogía desde Theano, Hypatia, Sofia Kovalevska y tantas otras mujeres matemáticas que desafiaron la contundente afirmación de Kant:

“Se nos advierte que todo conocimiento abstracto, todo conocimiento árido, debe ser dejado a la mente laboriosa y sólida del hombre. Por ello es que las mujeres nunca aprenderán geometría”

Ada, Hija de Lord Byron y Annabella Milbanke a quien aquel llamaba ‘la princesa de los paralelogramos’, fue educada por su madre en las disciplinas científicas, fundamentalmente las matemáticas. La gran Mary Somerville “la reina de las ciencias del S.XIX”, fue su tutora durante una época. Con sólo diecisiete años conoce a Charles Babbage y el proyecto de su máquina de diferencias finitas, una máquina calculadora mecánica y el más ambicioso proyecto que llamó el Ingenio analítico, una máquina más sofisticada capaz de ejecutar ciertos programas, si bien su realización práctica encontró numerosos obstáculos. El Museo de la Ciencia de Londres construyó en 1991 la máquina de diferencias de C. Babbage probando que los fracasos en su construcción no se debieron a fallos en el diseño, sino a una deficiente realización práctica.

En 1841, Babbage imparte una conferencia en Turín sobre los proyectos de fabricación de su ingenio y un joven ingeniero italiano, Menabrea,  publica en francés un artículo sobre la máquina. La contribución de Ada al proyecto fue particular. Tras traducir el texto al inglés titulado “Sketch of the Analytical Engine” y mostrarlo a Babbage, éste consciente de que Ada tiene sus propias ideas sobre la computación la anima a incluir sus notas e ideas a la traducción. Las notas, que triplican el texto incluyen una variedad de programas para la máquina, uno de ellos servía para computar los números de Bernoulli y es considerado el primer programa de computación.


Entre sus notas Ada incluyó también sus predicciones para el futuro de una máquina pensante. Pensó que podría ser utilizada para componer música, para producir gráficos, y podría ser usada para fines científicos prácticos.

Supongamos, por ejemplo, que las relaciones fundamentales de los tonos en la ciencia de la armonía y la composición musical fueran susceptibles de tales expresiones y adaptaciones (a un lenguaje matemático de programación), el artefacto podría componer piezas detalladas y científicas de música de cualquier grado de complejidad o extensión. (Nota A)

Su imaginación y creatividad resulta sorprendente, pero también su sentido de la realidad y su visión de futuro. En la Nota G, escribe:

Es deseable guardarse de las ideas exageradas que pueden surgir acerca de los poderes del Ingenio analítico. (...) El Ingenio Analítico no tiene pretensiones de originar nada nuevo. Puede hacer lo que sepamos cómo ordenarle que haga. No tiene el poder de anticipar ninguna relación o verdad analítica nueva. Su función es asistirnos. (...) Pero es probable que ejerza una influencia indirecta y recíproca en la ciencia misma. En la medida en que se distribuye y combina las verdades y la fórmula del análisis, éstas están más fácil y rápidamente dispuestas para las combinaciones mecánicas del ingenio, y las relaciones y naturaleza de cualquier objeto de estudio en la ciencia son observadas desde otra perspectiva e investigadas de forma más profunda.

El problema central del Ingenio Analítico y clave para su éxito es precisamente cómo comunicar, cómo ordenar a la máquina realizar rutinas y subrutinas o en otras palabras cómo establecer un eslabón adecuado entre los procesos mentales abstractos matemáticos y las operaciones materiales. Se trataba de encontrar la forma de diseñar un mecanismo por el que un paquete de instrucciones obligara a la máquina a repetir una determinada secuencia de órdenes cada vez que se le requiriera desde el programa principal.

La observación de los telares de Jacquard que se popularizaron a partir de su invención en 1801 y que supusieron un hito en plena revolución industrial dió la clave a  Babbage y Ada. Los telares funcionaban con tarjetas perforadas que hacían que los hilos del telar compusieran el dibujo deseado.


Ada escribió en las notas a la traducción del artículo de Menabrea:

Resulta muy adecuado decir que el Ingenio analítico teje pautas algebraicas, al igual que el telar de Jacquard teje flores y hojas. (Nota A)


Ada muere de cáncer unos pocos años más tarde a la edad de 36 años. Su madre evitó que se dedicara a la poesía, tratando de minimizar la influencia de un padre al que prácticamente no conoció, pero Ada preguntaba a su madre: si no puedes darme poesía ¿puedes darme ciencia poética?. Así concibió su corta trayectoria.


Bowden, pionero en ordenadores, ‘redescubrió’ el artículo y las notas de Ada y lo mandó reimprimir junto a una biografía y retrato de la autora. Y a comienzos de los años 80 del pasado siglo el Ministerio de Defensa americano dio su nombre a un lenguaje de programación desarrollado por ellos.

Estos aspectos de la biografía y repercusión del trabajo de Ada pueden consultarse en uno de los estudios más completos sobre Ada: el de B. A. Toole, Ada, The Enchantress of Numbers. Strawberry Press, 1992. Y en los textos de S. Plant, Ceros + Unos. Barcelona, Destino, 1997. Otros en castellano: L. Figueiras et al., El Juego de Ada. Matemáticas en las Matemáticas. Granada, Proyecto Sur, 1998; X. Nomdedeu, Mujeres, manzanas y matemáticas. Entretejidas. Madrid, Nivola, 2000.

09 julio 2013

Visibilizar y reivindicar la autoría. Rosalind Franklin


Rosalind Franklin (1920-1958)

Si tuviese que elegir entre los episodios más tristes de la Historia de la Ciencia, sin duda alguna uno sería éste. Los sucesos que se producen entre 1951-1953 cuentan el episodio final de la historia de la investigación sobre la estructura del ADN, una historia de éxitos para la comunidad científica, pero también una historia de deslealtad y deshonor, y de filtración ilícita de información. Una historia de envidias, recelos y competitividad desbordada, una historia de una magnífica investigadora cuya vida quedo truncada por el cáncer y cuya gloria truncada por los vencedores. La ciencia, había afirmado Watson, la llevan a cabo gentes ambiciosas y competitivas. Escribo este texto releyendo la bibliografía disponible y que estudié cuando realicé mi tesis doctoral, ya que este era un caso que me permitía ejemplificar las reconstrucciones de la historia de la ciencia, diferentes desde una perspectiva realista o empirista. Y leo por primera vez el artículo de A. Gann y J. Witkowski, The lost correspondence of Francis Crick, publicado en Nature en septiembre de 2010, que ofrece nuevos detalles sobre cómo se precipitaron los acontecimientos, y sobre las actitudes y calado moral de los implicados. Un conjunto de treinta y cuatro cartas y tres postales escritas por Crick y Wilkins entre 1951 y 1964 y que habían quedado olvidadas en unas cajas junto a la colección Brenner y que fue localizada en los archivos de la biblioteca del Laboratorio de Cold Spring Harbor. De ellas, once fueron escritas entre 1951 y 1953, justo cuando se producen los acontecimientos y permiten valorar con mayor claridad aún el papel de Rosalind Franklin en este hito de la Historia de la Ciencia.

El 25 de Abril de 1953 se publica en Nature el descubrimiento de la estructura del ADN (molécula en la que están contenidas la información y los planos de construcción de un ser vivo). Watson y Crick posaban felices ante la estructura de varillas de metal, alambres y cartón que representaba la molécula y sus componentes. La historia siempre ha sido contada así: Dos equipos de investigadores compiten en dos laboratorios diferentes: J. Watson y  F. Crick en el Laboratorio Cavendish de la Universidad de Cambridge y M. Wilkins y Rosalind Franklin en el laboratorio del King’s College en Londres. Usan metodologías de investigación y técnicas diferentes: los primeros usan modelización de estructuras siguiendo la técnica usada con éxito por Pauling y los segundos difracción por rayos X. Los primeros ganan la partida…y los tres varones el Nobel.

Rosalind murió en 1958 de cáncer a la edad de treintisiete años y nunca supo realmente que para lograr esta representación tridimensional de la estructura, su trabajo había sido más que determinante. Para ilustrarlo imaginemos que tenemos un número de piezas de distintas formas y tamaños y que hemos de organizar, a modo de un gran puzzle, pero ninguna numeración ni dibujo que nos permita encajarlas; podríamos, en principio, organizarlas de muchas maneras diferentes y no sabríamos nunca cuál es la “correcta”. Sólo si pudiésemos numerarlas siguiendo un criterio e incluso si pudiésemos plasmar en ellas un lienzo de colores, podríamos completar nuestro puzzle y saber que es acertado. Esto es lo que les proporcionó Rosalind Franklin, los datos, la evidencia empírica que permitió organizar las piezas correctamente y completar el modelo de la estructura del ADN. La estructura helicoidal, la situación de las bases, todos los elementos que permitieron fijar, de entre todas las posibilidades abiertas del modelo, aquella que era la empíricamente adecuada. Rosalind observó la estructura presentada y admiró a Crick y reescribió un texto que tenía preparado, ahora con la retórica oficial que permitía presentar sus investigaciones como soporte experimental de la hipótesis y el modelo de Watson y Crick. En Nature se publica como el último texto del grupo, tras uno redactado por Wilkins y los de Watson y Crick. Rosalind siguió investigando en otro laboratorio, acudiendo a congresos y publicando, hasta que la enfermedad la venció.



Watson publica en 1968 La doble hélice, un ejercicio de desautorización de Rosalind Franklin, a quien llama “Rosy” y cuyo perfil dibujado en el libro ha sido descrito como la más perfecta caricaturización haciendo uso de todos los estereotipos androcéntricos contra ella. El libro, de haber vivido aún Rosalind, no hubiese sido escrito en esos términos. En él afirma que M. Wilkins dirigía el laboratorio en el que en 1951 trabajaba Rosalind. Una falsedad que tiene por objeto situarla como subordinada suya. Watson dice más: que Rosalind reivindicaba que el problema del ADN se lo habían adjudicado a ella, por lo que se negaba a aceptar que era la asistente de M. Wilkins. No era así, el King´s College estaba bajo la dirección de John Randall, ambos trabajaban al mismo nivel y cada uno supervisaba un grupo, Rosalind el que utilizaba los métodos de difracción de rayos X. De hecho había sido contratada porque dominaba esta técnica y Wilkins prácticamente la desconocía, más especializado en estudios bioquímicos y biofísicos.

Watson describe a “Rosy” como una arpía, testaruda e inflexible, que se negaba a enfatizar su feminidad, mal vestida, sin pintar, con un peinado inadecuado y se pregunta cómo estaría sin sus gafas. Como expone Anne Sayre, quien la conoció, Rosalind no era así, sí era apasionada con su trabajo, seria, y muy racional, y cuando llegó al King´s College desde el CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique de París) era ya una investigadora con gran destreza probada en difracción de rayos X o cristalografía química, se había centrado en el estudio de los carbonos y había publicado un buen número de trabajos, algunos de ellos muy relevantes. Ella no era una inexperta cuando se enfrentó al ADN, una sustancia difícil y recalcitrante desde el punto de vista de la cristalografía y,  por ello,  Randall le ofreció organizar una unidad de Rayos X para la investigación del ADN que en aquel momento no existía en su laboratorio. Los avances en su investigación desde 1951, eran expuestos en seminarios al grupo de investigación y ella redactó varios informes sobre sus avances al director.
El papel y la relevancia de la investigación de Franklin es relatada en conocidos textos sobre su figura, pero aún sigue pesando más el relato oficializado de Watson. Los textos de Anne Sayre, Rosalind Franklin y el ADN de 1975, el más reciente de B. Maddox, Rosalind Franklin: The Dark Lady of DNA, 2002 y la publicación en Nature en 2010 de las cartas perdidas de Crick a las que hemos hecho referencia, no parecen ser suficientes aún para que en cualquier representación sobre este hito de la historia de la ciencia, la figura de Rosalind Franklin sea destacada. No se trata de un olvido menor o de la creencia de que su papel no fuera tan determinante, como algunos afirman, algo que no se ajusta a la verdad, no, se trata de un episodio de desautorización, de un claro sesgo sexista de la Historia oficial de la ciencia, y, probablemente también de un ejemplo de cómo la historia contextual de la ciencia al incorporar otros elementos contrarios al enfoque positivista nos permite tener relatos más completos y ajustados a la realidad de estos episodios. La historia, pues, sigue necesitando ser contada.



El papel de las instituciones

En La doble hélice, Watson reconoce que la investigación del ADN se realizaba en el King´s College. Como relata Sayre, cuando los jefes de laboratorio, en el contexto de una Inglaterra aún en crisis tras la guerra, pedían subvenciones para la investigación, se les aconsejaba basar sus solicitudes en una lista de proyectos que no se estuviesen desarrollando en otros centros, ya que ¿por qué pagar por algo que ya se estaba realizando? (Sayre,128) Es cierto que no había prohibición expresa, pero sí un pacto implícito de que esto debía ser así y los científicos actuaban en consecuencia. 

El Laboratorio Cavendish de Cambridge tenía otros temas de trabajo y de hecho, Sir Lawrence Bragg, su director, no alentaba esa investigación bajo su techo. Según Watson, éste había dicho a Crick que debía abandonar esa investigación y de hecho, tras el fracaso del primer modelo, así fue. Debemos interpretar, pues, que en todo caso era una competición no explícita entre Watson y Crick y el King’s College, ajeno a este interés. De hecho, eran invitados a las sesiones de exposición de los resultados de investigación realizados por Rosalind, quien convencida de la honorabilidad de todos, esperaba un debate honesto sobre sus resultados. La investigación del ADN, ella también estaba convencida, era del King´s College.

No se trataba pues de una pugna de dos equipos por encontrar la solución. La investigación del ADN era una investigación del King´s College de Londres. El director la contrata para formar un equipo que desarrollara esta investigación específica del ADN y tiene que partir prácticamente de cero montando el instrumental y, lo que es significativo, mostrando al equipo cómo hidratar las fibras de ADN para someterlas a la técnica de difracción. Pero, el hecho de que una mujer liderara un equipo, o incluso que fuese considerada una igual era algo que en el King’s no se aceptaba tan fácilmente, donde obtener una licenciatura y trabajar en sus departamentos era algo que sólo se había reconocido recientemente y ni siquiera tenían acceso al comedor amplio, confortable y con atmósfera de club privado, reservado al personal masculino. Desde el principio Wilkins la desautoriza y las relaciones entre ellos llegaron a ser de hostilidad y así lo refleja en su correspondencia con Crick:

…Let’s have some talks afterwards when the air is a little clearer. I hope the smoke of witchcraft will soon be getting out of our eyes. (Wilkins a Crick, 1953)

Oficialmente, en el Laboratorio Cavendish no se realizaba esta investigación y el director desaprobó, como hemos señalado, que Crick realizara estudios sobre el ADN, esa era una investigación de otro equipo y otro centro. Pero no es menos cierto que este era un acuerdo tácito y que dada la relevancia que va adquiriendo la investigación, dejara hacer. Enfrentado a la posibilidad de que Pauling pudiera resolver uno de los más importantes problemas en Biología, Bragg autorizó a Watson y Crick a comenzar con la construcción del modelo de nuevo. (Nature, The Lost correspondence of Crick, 2010)

La secuencia de acontecimientos: 1951-53 y las cartas perdidas.

Rosalind trabaja durante más de ocho meses poniendo a punto el laboratorio, el instrumental y comienza su investigación. Y esta es la secuencia de acontecimientos:

-Coloquio de Noviembre de 1951.

Rosalind Franklin redacta notas para exponer sus avances y redacta un informe a máquina posterior el 7 de Febrero de 1952. En sus notas e informe se puede leer:

“El diagrama de fibra altamente cristalino obtenido con las fibras de ADN, sólo se puede conseguir en un cierto rango de humedad, entre el 70 y el 80%. Las características generales del diagrama sugieren que las cadenas de ADN se encuentran en forma helicoidal”
“Conclusión: una gran hélice en muchas de las cadenas, los fosfatos en el exterior, puentes fosfatos-fosfato entre las hélices, interrumpidos por moléculas de agua. Hay enlaces disponibles para proteínas”.

-La confusión de Watson y la propuesta de la triple hélice.

En este momento Watson tenía 24 años y era un genetista que acababa de llegar de EEUU y creía que era absolutamente esencial dilucidar la estructura del ADN y convenció a Crick, que estaba en Cambridge de la relevancia de este problema. El método que defendían era el de la construcción de modelos tridimensionales para resolver estructuras moleculares, un método que no era nuevo y que todos los investigadores utilizaban.
Watson asiste al coloquio y se confundió con los datos proporcionados por Rosalind acerca de sus mediciones de la cantidad de agua de las muestras. De hecho relata que su incapacidad para recordar estos datos con exactitud fueron el origen del error que transmitió a Crick. Esto les llevó a creer que había muy pocas estructuras posibles para el ADN y en una semana construyeron un modelo que satisfacía las restricciones aparentes e invitaron al equipo del King´s College a ver “the clever thing” que habían realizado (Nature, 2010). Franklin, al ver el modelo, una triple hélice con las bases en el exterior, supo que era erróneo, aunque sus objeciones se interpretaron como un rechazo del modelo helicoidal, algo absurdo a tenor de sus propias explicaciones en el coloquio. Esto supuso un parón en la investigación de Watson y Crick, quienes no hacían trabajo experimental alguno, sólo modelización teórica y, por tanto, dependían de los datos del King´s College. De hecho, Watson se arrepintió de haber mostrado su trabajo a los investigadores por si aquello podía suponer un cierre del flujo de información proveniente de Londres. Lo cierto es que no debía preocuparse, porque Wilkins se había convertido en el mejor informador.

-Mayo de 1952: la fotografía 51

Franklin prosigue sus investigaciones y logra una de las mejores imágenes: la fotografía 51, una fotografía de la forma B de la molécula donde se advierte nítidamente la estructura helicoidal. El trabajo avanza y dirige la tesis de Gosling, pero también piensa en irse a otro laboratorio: el Birbeck, donde considera que el ambiente de trabajo es mejor. Redacta un nuevo informe sobre sus avances dirigido al director Randall.



-28 de Enero de 1953. Seminario sobre la forma B del ADN

Rosalind presenta sus resultados sobre la forma B del ADN en un seminario al que estaban invitadas personas de fuera de su laboratorio. Ella confiaba y creía en el debate crítico entre científicos y creía que si alguien tenía pruebas de que estaba equivocada, las expondría; y también si de sus datos se derivaba algo más que ella no había percibido.

Watson y Crick querían acudir pero se les notificó que era interno, si bien no es claro, y en otros textos parece afirmarse que sí asistió Watson. Wilkins escribe a Crick:

There is also a silly muddle over Franklin’s talk here. I got a big  notice saying it was internal only — just a discussion between  colleagues who worked in the same lab. Then a lot of notices went  round about the Colloquium & I took it for granted all had had the  other note... I think that as the intention was to have it a private  fight it would be best to keep it entirely so, as I said to Jim. It should  be either public or private. (The lost correspondence, Nature, 2010)

Watson relata en su libro un altercado con Rosalind acaecido este mismo día donde sugiere que temió que Rosalind le agrediera físicamente, algo que revela una vez más, el cariz de la percepción sobre Rosalind de Watson. Un poco más tarde, el mismo día, Wilkins le enseña la fotografía. Más tarde reconoce:

Quizá debería haberle pedido permiso a Rosalind pero no lo hice. La situación era muy difícil. Algunas personas han dicho que fue un completo error por mi parte hacerlo sin su permiso, sin consultarle al menos, y quizá lo fue… (Sayre, 167)

Rosalind ya había decidido irse a otro laboratorio, pero el material de la investigación del ADN tenía que quedarse en el King’s. De todas formas ella ya había comunicado sus datos, aunque de una forma que ella no previó.

-Acceso a un nuevo informe de Rosalind

En Diciembre de 1952, hubo una reunión en el King’s College del comité de biofísica del Medical Research Council, del que Randall era miembro y distribuyó un informe en el que se describían los trabajos más recientes llevados a cabo en el laboratorio y se incluía un resumen firmado por  Rosalind y Gosling, de nuevos resultados experimentales con ADN. M. Perutz, miembro del Cavendish está en la reunión y, poco después, a comienzos de 1953, entrega el informe a Watson y Crick cuando éstos, al tanto de la existencia del mismo por Wilkins, se lo solicitan: “Como el informe no era confidencial, no vi razón alguna para negarme”.

-Febrero de 1953. Construcción del modelo

En este mes, relata Anne Sayre, hubo algo que les permitió construir un modelo más que satisfactorio: los datos que les llegaron del King’s College. Probablemente no eran todo lo necesario para llevarlo a cabo, pero con toda seguridad fueron esenciales. Los datos de Rosalind no sólo indicaban la posibilidad de una doble cadena sino que, además, el diagrama de difracción obtenido en las fotos de la forma B, permitía calcular el diámetro de la hélice. Y además, como reconoce Watson: “Rosy estaba en lo cierto al poner las bases en el centro y el eje azúcar-fosfato hacia el exterior”. Ninguno de estos datos proviene de experimentos realizados por Watson y Crick y lo cierto es que ellos, sin las pruebas experimentales, no tenían más que una bella hipótesis. Concluye Anne Sayre: “El tiempo es lo único que cuenta para conseguir la primicia de un descubrimiento. Sin saberlo, Rosalind regaló a sus rivales no sólo la información sino también el tiempo” (Sayre, 171).

Pero ellos fueron conscientes de la relevancia de las contribuciones de Rosalind y lo ocultaron y Watson escribió La Doble hélice y la desautorizó a sabiendas. En el artículo de Nature sobre las cartas perdidas de Crick encontramos también evidencia de ello. Destacan los autores del artículo:

…In a handwritten note from Wilkins to  Crick dated 29 October 1954, which also includes a jab at the fact that neither Crick nor Watson did any experimental work in arriving at the double helix: 

Looking at your letter, the list of your forthcoming publications  is certainly impressive & I hope you won’t think me malicious if I note with interest your new plan for avoiding experimental work  — I mean your book.

-Abril de 1953. La publicación en Nature


Los pormenores de la preparación de la publicación en Nature tampoco han de dejarse de lado, el intercambio epistolar entre los protagonistas y editores es amplio y no exento de estrategia y nerviosismo:

Dear Francis, 
It looks as though the only thing is to send Rosy’s and my letters as they are and hope the Editor doesn’t spot the duplication. I am so browned off with the whole madhouse I don’t really care much what happens.  If Rosy wants to see Pauling, what the hell can we do about it? If  we suggested it would be nicer if she didn’t that would only encourage  her to do so. Why is every body so terribly interested in seeing Pauling … Now Raymond wants to see Pauling too! To hell with it all. (Wilkins a Crick. The lost correspondence. Nature, 2010)

Rosalind no supo nunca qué había sucedido realmente, es posible que ella en poco tiempo estuviera también en condiciones de anunciar sus resultados, esto ya no lo sabremos, aunque puede pensarse que para ello quería ver a Pauling. Sabemos también que ella había redactado dos manuscritos sobre la estructura helicoidal del ADN que llegaron a la revista especilizada “Acta Cristallographica” el 6 de marzo de 1953, un día antes de que Watson y Crick finalizaran su modelo, e incluso se ha sugerido que el editor podría haberles hecho llegar una copia, aunque no he visto, en mis lecturas, esta idea confirmada. En cualquier caso, ellos ya tenían todos los datos y habían visto la imagen. Además, el protagonismo que tiene Rosalind en estas cartas que se intercambian entre los años 1950 y 1976 es revelador de la importancia de su trabajo y de cómo estaban obsesionados con ella y su trabajo.


En 1962 se otorga el Nobel de Medicina a los tres hombres. Se da la circunstancia de que el Nobel sólo puede darse a un máximo de tres personas; de todas formas Rosalind Franklin había muerto en 1958 a la edad de 37 años debido al cáncer y otros problemas graves de salud, probablemente debidos a los años de experimentación con radiación. En los últimos años se viene produciendo un reconocimiento cada vez mayor de la relevancia del trabajo de Rosalind Franklin y el King´s College la reivindica como una de sus excelentes científicas.

Me gusta esta reflexión de Rosalind, que dirige a su padre en 1940 y finalizo con ella: “La ciencia y la vida ni pueden ni deben estar separadas. Para mí la ciencia da una explicación parcial de la vida. Tal como es se basa en los hechos, la experiencia y los experimentos…Estoy de acuerdo en que la fe es fundamental para tener éxito en la vida, pero no acepto tu definición de fe, la creencia de que hay vida tras la muerte. En mi opinión, lo único que necesita la fe es el convencimiento de que esforzándonos en hacer lo mejor que podemos nos acercaremos al éxito, y que el éxito de nuestros propósitos, la mejora de la humanidad de hoy y del futuro, merece la pena conseguirse”.


27 junio 2013

Intervención en el Claustro para solicitar la aprobación del Plan de Igualdad


Desde 1999, fecha en que se adopta el Plan de acción sobre Mujeres y Ciencia por la Comisión Europea, las políticas para promover las vocaciones científicas entre las mujeres, para integrar la dimensión de género en la investigación y para eliminar las asimetrías de género que aún persisten en la estructura y prácticas de la ciencia en las instituciones, han sido diseñadas y aprobadas en el Parlamento Europeo y los de los estados miembros. Los informes y recomendaciones más recientes como es el publicado en 2012: Cambio estructural de las instituciones científicas: impulsar la excelencia, la igualdad de género y la eficiencia en la investigación y la innovación,  implica directamente en los objetivos de la consecución de la igualdad a las Universidades, uno de los pilares de la Estrategia Europa 2020 cuyo objetivo es estimular el crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo en el continente.

En la Unión Europea, las mujeres en la investigación (hablo de todas las ramas del conocimiento) siguen siendo una minoría, su número se ha incrementado pero sigue suponiendo sólo un 30% del total, manteniéndose el porcentaje de catedráticas sólo en un 15% de media, cuando la presencia de las mujeres en las aulas de las universidades supera el 50% desde hace ya décadas y obtienen el 45% de los doctorados. El índice de techo de cristal ilustra de manera inequívoca las dificultades de las mujeres para lograr el acceso a los niveles más altos de la profesión y revelan la presencia de estereotipos, ausencia de modelos y referentes, barreras estructurales e infravaloración.

La Comisión Europea insta a las universidades a que desarrollen programas para eliminar el sesgo y las barreras que impiden que se tengan las mismas oportunidades en el ámbito del conocimiento; insta a informar sobre la presencia de sesgos y estereotipos y a erradicar el sesgo institucionalizado, esto es, aquellas prácticas o acciones que favorecen a las personas de un determinado sexo; e insta a las universidades a hacer que las tomas de decisión sean transparentes y que los criterios estén disponibles públicamente y a adoptar y poner en práctica un conjunto de buenas prácticas para el reconocimiento justo del trabajo, dando crédito donde corresponda.

Uno de los mayores problemas que persisten en las Universidades es la opacidad en la toma de decisiones. Es de gran relevancia que los procesos de tomas de decisión sean respetuosos y democráticos, ya que a través de las decisiones tomadas en contextos de participación amplios, que propician el debate y permiten el diálogo entre perspectivas que pueden ser diferentes, es más probable que se  minimice el peso de los sesgos y las visiones parciales, y se favorezcan decisiones más inclusivas. Estas cuestiones procedimentales resultan especialmente relevantes para desarrollar buenas prácticas en las Universidades que faciliten el logro de la Igualdad. Los procesos de tomas de decisión han de contar con la adecuada representación de ambos sexos, han de atender adecuadamente a las distintas perspectivas y han de ofrecer la adecuada publicidad de los criterios que guían las decisiones.  Sean comisiones de contratación de profesorado, de evaluación de la calidad o de diseño de una representación artística y cultural en el espacio público.

El impacto de género en todo lo concerniente a la creación y producción artística e intelectual y a la difusión de la misma ha de evaluarse también. Para ello la legislación emplaza a desarrollar actuaciones tales como: promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural pública; y a que se respete y se garantice la representación equilibrada. E Insta a que promuevan la transmisión de una imagen igualitaria, plural y no estereotipada de los hombres y de las mujeres en todos los órdenes.

La Comisión Europea insta a los gobiernos a aprobar legislación para que las universidades adopten planes de igualdad de género algo que la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igualdad efectiva de mujeres y hombres (LOIEMH) ya introdujo como tal requerimiento legislativo desde el 2007. La Ley Orgánica para la Igualdad es el principal referente pero también lo es la Ley 1/2010, de 26 de febrero, canaria de igualdad entre mujeres y hombres. La propia Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, por la que se modifica la Ley Orgánica 6/2001 de Universidades (en adelante LOM-LOU), destaca desde su preámbulo que la igualdad entre hombres y mujeres es uno de los valores que la universidad debe cuidar de manera especial.   Y la Ley 14/2011, de 1 de junio, de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, establece que los Organismos Públicos de Investigación adoptarán Planes de Igualdad en un plazo máximo de dos años tras la publicación de esta Ley, que serán objeto de seguimiento anual.

La Legislación señala, por tanto, la necesaria implicación activa de la Universidad con el logro de la igualdad real entre hombres y mujeres a través no sólo de la incorporación de tales valores como objetivos propios de la universidad y de la calidad de su actividad, sino mediante el establecimiento de sistemas que permitan alcanzar la paridad en los órganos de representación y una mayor participación de la mujer en los grupos de investigación. También que se aborde la evaluación del impacto de género. No debe quedarse pues en el ámbito de las buenas intenciones, sino que debe explicitarse sus compromisos en un plan de igualdad.

Sr Rector,

Si la Universidad promueve representaciones artísticas destinadas a promover el conocimiento y valoración de una disciplina donde sólo se representan a hombres, si publicita la oferta de sus Masters con carteles cuyo único referente es un varón y de una forma altamente estereotipada, si no define sus títulos de una forma neutral, y opta por el masculino que no nos nombra, no está cumpliendo con la legislación vigente y la propia legislación establece que si se observa impacto de género en estas acciones, esas decisiones y las consecuencias de las mismas deben corregirse.

Nuestras representaciones culturales y artísticas, el conocimiento que producimos, nuestros estilos y pautas en los procesos de tomas de decisión, nuestros compromisos y trabajo identifican a las personas que forman parte de nuestra universidad y les ofrece símbolos, referentes y modelos. Desde este punto de vista, ciertos mensajes en la ULL resultan mucho menos estimulantes para las alumnas, para las mujeres del PAS, para las docentes e investigadoras, que para sus colegas varones. La ULL debe dar un paso adelante: la acción de la universidad no debe limitarse a la producción y transmisión del saber; debe generar opinión, demostrar su compromiso con el progreso social y ser un ejemplo para su entorno. Y debe, en sintonía con la mayoría de las Universidades aprobar su primer plan de igualdad.

Nuestra universidad aún tiene pendiente la aprobación de su primer plan de igualdad. En este Claustro fue presentado el informe diagnóstico en marzo de 2012, y la comisión de elaboración ha debatido ampliamente el contenido del plan y lo ha dado a conocer a los distintos sectores, pero más de un año después aún no se ha aprobado el plan. La mayoría de las Universidades han venido aprobando y están aplicando sus planes de Igualdad y algunas como la Autónoma de Barcelona  ya aplican el segundo, evaluado y superado el primero.


La invisibilización de la autoría, la transmisión de estereotipos, la infravaloración del trabajo cuando es realizado por mujeres, cuando no el acoso y los comportamientos sexistas se están produciendo en nuestra Universidad y son ya intolerables en nuestros días. Las quejas, los avisos, las consultas llegan a la UIG y al IUEM y creemos que debe darse una respuesta adecuada. Es de justicia. Ruego que, a la vista de lo expuesto, se apruebe el primer plan de igualdad de la ULL y se vele por que, en aplicación de la legislación, se tomen las medidas oportunas para corregir aquellas decisiones en las que el impacto negativo de género ha sido puesto de manifiesto por la propia comunidad universitaria.

05 enero 2013

Género, Conocimiento e Investigación



Género, Conocimiento e investigación

La iniciativa de publicar este libro surge tras la celebración de las I Jornadas sobre Género, Conocimiento e Investigación, que organizó en 2011 el Instituto Universitario de Estudios de las Mujeres (IUEM) de la Universidad de La Laguna (ULL), con la colaboración del Instituto Canario de Igualdad (ICI). La calidad, originalidad y actualidad de los temas y enfoques presentados a lo largo de las diferentes ponencias, junto con la excelente acogida recibida, merecían el esfuerzo de trabajar por una difusión más amplia y sólida de las mismas.

El análisis crítico de la Ciencia y la Tecnología desde la perspectiva de género ha supuesto el cuestionamiento de los modelos, prácticas y estructuras de la ciencia y permite la reflexión sobre las alternativas.  En esta obra se presentan y analizan los retos actuales que se plantean en las políticas de igualdad en investigación, y que incluyen, entre otros, aspectos tales como el avance y consolidación progresiva de la incorporación de la perspectiva de género a la práctica investigadora y del diseño de tecnologías, el diseño curricular en la educación superior, las buenas prácticas en la gestión del personal en los procesos de selección, formación y promoción en las instituciones científicas y tecnológicas, o la reflexión sobre el modelo y las direcciones y objetivos de la ciencia. CGI pone al alcance de la comunidad investigadora y académica, así como de quienes se ocupan de la gestión de la educación superior y de las políticas científicas al más alto nivel, diferentes aportaciones que facilitarán la reflexión y la acción necesarias para dar cumplimiento a los últimos requerimientos legislativos en materia de igualdad para los ámbitos de la ciencia, la tecnología y la innovación.

La  Ley 14/2011, de 1 de junio, de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, en su Disposición adicional decimotercera aborda precisamente la «Implantación de la perspectiva de género», convirtiéndose en referente pionero a nivel internacional. En concreto, en dicha disposición se establece que: «La Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica promoverán la incorporación de la perspectiva de género como una categoría transversal en la investigación y la tecnología, de manera que su relevancia sea considerada en todos los aspectos del proceso, incluidos la definición de las prioridades de la investigación científico-técnica, los problemas de investigación, los marcos teóricos y explicativos, los métodos, la recogida e interpretación de datos, las conclusiones, las aplicaciones y desarrollos tecnológicos, y las propuestas para estudios futuros. Promoverán igualmente los estudios de género y de las mujeres, así como medidas concretas para estimular y dar reconocimiento a la presencia de mujeres en los equipos de investigación».

La legislación europea y los informes de las comisiones apuestan claramente por la puesta en marcha de políticas activas que faciliten la incorporación y promoción de las investigadoras en los niveles más altos de la academia. Superar ese 15% de catedráticas pero sobre todo impedir la pérdida de talento y capacidad en la ciencia europea se convierte en un objetivo estratégico para el 2020-2030. Conocemos los mecanismos (techo de cristal, tubería que gotea o la caja mágica o de desaparición) y es urgente la actuación.

A lo largo de los diferentes capítulos se pone de manifiesto que las claves para esta reflexión y acción se sitúan hoy en la propia configuración estructural del ámbito de la investigación y la ciencia, en la legislación, las normas, los métodos de trabajo y los procesos de decisión, de selección y diseño de las carreras investigadoras y profesionales pero también en lo que podemos llamar las culturas de la ciencia, siguiendo a Londa Schiebinger. El libro aporta importantes claves para la reflexión sobre los aún presentes sesgos de género en la ciencia y la tecnología, y sobre diferentes alternativas de actuación orientadas a superar tales sesgos y a promover con ello una ciencia y una tecnología no sólo más igualitarias para mujeres y hombres, sino también más excelentes y creativas.

CONTENIDO
           
En la Primera parte, bajo el rótulo global de Políticas de igualdad y modelos de Ciencia, el libro presenta una serie de capítulos que se ocupan de aportar elementos esenciales para la reflexión y acción sobre los modelos de ciencia, la excelencia, la calidad, los sesgos de género y las políticas activas de igualdad aplicables a la investigación y el diseño en cualquier campo y a las propias estructuras de las instituciones académicas, científicas y tecnológicas.

En primer lugar se presenta la traducción al castellano de un reciente e innovador artículo de Londa Schiebinger y Martina Schraudner sobre diferentes enfoques y métodos para aplicar la transversalidad de género a cualquier campo de la investigación básica y aplicada, al diseño tecnológico y a las propias instituciones científicas. Así, el texto de Londa Schiebinger y Martina Schraudner, Innovaciones de género en ciencia, medicina e ingeniería: enfoques interdisciplinares para su consecución, nos lleva a recorrer tres grandes tipos de enfoques para el logro de la igualdad de género en la ciencia y la ingeniería. Cada uno de ellos se centra en corregir un tipo de deficiencia diferente: la escasa representación de mujeres, las barreras estructurales que limitan su participación plena, y los sesgos de género en la propia metodología científica. Las autoras revisan los presupuestos, logros,  limitaciones y retos de los mismos, fundamentalmente dentro de los ámbitos europeo y norteamericano, deteniéndose especialmente en el último enfoque presentado: corregir el conocimiento científico mediante la incorporación de la perspectiva de género. Este trabajo sintetiza ejemplarmente las bases y métodos de este tercer enfoque mediante cuatro estudios de caso. Los casos descritos ponen de relieve la necesidad de generalizar el uso de este enfoque al mostrar los avances prácticos logrados o en marcha en diferentes campos a partir de la aplicación del mismo, a la par que facilitan la comprensión del «know-how» para su incorporación práctica al proceso investigador y al diseño tecnológico.

La relación positiva entre la igualdad de género y la calidad universitaria es un elemento clave que aborda Mª Teresa López de la Vieja, en su trabajo titulado Construir la Igualdad, que se centra en las ventajas de las políticas activas de igualdad en la educación superior y en las dificultades y retos para su implantación efectiva, y que presenta la experiencia del proceso de elaboración y aprobación del Plan de Igualdad de la Universidad de Salamanca.

Mª Jesús Izquierdo propone en Justicia y calidad en las instituciones universitarias que es esencial reflexionar sobre los sesgos de género en  el modelo de excelencia científica y académica vigente, para poder cuestionar las bases en que se sustenta su definición y aplicación, señalar sus consecuencias, y plantearnos la necesidad avanzar hacia un nuevo paradigma que apueste por la calidad en el marco de los criterios de justicia individual y grupal. Reflexión sobre el modelo Agora.

En la Segunda parte: Las mujeres en la estructura y la práctica de la ciencia, los siguientes capítulos del libro aportan las reflexiones y experiencias de mujeres investigadoras en distintas ramas académicas, tanto desde la universidad como desde otros organismos públicos de investigación, a través de textos que recorren cuestiones tales como las deficiencias y los avances en la incorporación de la perspectiva de género a la investigación y a la docencia en sus respectivos campos, o un análisis de género sobre su trabajo cotidiano actual, ya sea de primera mano o desde la visibilización de las barreras con las que se encontraron las pioneras en su ámbito.

La incorporación de la perspectiva de género en la práctica de la investigación aún avanza lentamente, pero en sintonía con el capítulo inicial de Schiebinger y Schraudner, algunos de estos textos muestran cómo esta perspectiva es necesaria para detectar y resolver problemas y sesgos en ámbitos particulares tales como las ciencias sociales y las tecnologías de la información y la comunicación.

Incide en ello Sara García Cuesta en su trabajo titulado Investigación social en perspectiva de género: algunas reflexiones para el debate. Sara revisa algunos rasgos y retos actuales de la investigación social con perspectiva de género en el ámbito español, aportando también una valiosa reflexión sociológica sobre las dificultades y retos a los que se enfrentan especialmente las jóvenes investigadoras en el mundo académico español, las generaciones outsiders, como ella las define.

Carina González en Diseño de Tecnología con perspectiva de género muestra la realidad de las brechas digitales de género y aporta claves relevantes para comprender la infrarrepresentación de las mujeres en el ámbito TIC, así como la apuesta por el diseño centrado en el género. El diseño tecnológico con perspectiva de género es uno de los grandes retos del ámbito de la innovación hoy y la incorporación de mujeres al ámbito de la tecnología se hace necesario dada la persistencia de la infrarrepresentación y la percepción errónea que también actúa como barrera.
Ambas ponen de manifiesto que se avanza en enfoques innovadores pero que no son pocos los inconvenientes que encuentran las (no tan) jóvenes investigadoras para que estos nuevos enfoques no sean considerados marginales, sino que se consoliden y obtengan el reconocimiento merecido.

La visibilización de los logros de mujeres pioneras en las ingenierías y en las matemáticas y las ciencias experimentales, la identificación de las barreras, aunque también de los apoyos con los que se encontraron es un trabajo ingente y necesario para dotar de modelos a las más jóvenes. Los textos de Belén Melián Batista, El papel de las mujeres en la Ingeniería, y Pino Caballero Gil, Científicas ¿Reconocidas?, rescatan esa historia: el primero en relación a las ingenierías; y el segundo, más centrado en las ciencias experimentales, con especial atención a las mujeres científicas que, pese a su brillante trayectoria y a sus excelentes contribuciones, merecedoras de premios Nobel en sus respectivos campos, no recibieron el debido reconocimiento. Ambos trabajos incorporan, además, otros elementos para la reflexión y la acción. El texto de Belén Melián señala diferentes factores relacionados con la escasa presencia de las mujeres en los estudios y profesiones ingenieriles, y algunas de las soluciones propuestas al respecto. El de Pino Caballero destaca algunos datos estadísticos sobre la situación actual de las mujeres en la educación superior española y sus probabilidades de promoción al máximo nivel académico. 

La realidad de la participación actual de las mujeres en los centros de investigación dependientes del Instituto Tecnológico de Canarias y del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) se aborda, respectivamente, en los textos de Luisa Vera, y Laura Calero, quienes destacan algunos elementos configuradores de la práctica científica y tecnológica que siguen actuando como barreras para las carreras de las mujeres. Luisa Vera transita en su texto titulado La Química y las químicas, además, por la historia de las mujeres químicas, de las que fueron pioneras a nivel internacional, nacional y canario, una visibilización que puede considerarse como ejemplo de una de las formas de incorporación de la perspectiva de género a la docencia de la química.

El trabajo de Laura Calero “Género y Astrofísica: el caso del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC”) presenta no sólo un caso de diagnóstico cuantitativo de la igualdad de género en un prestigioso instituto de investigación como es el IAC, también da la palabra a tres investigadoras astrofísicas, en diferentes momentos de su desarrollo formativo y profesional: una investigadora novel, una contratada Ramón y Cajal y una reconocida investigadora  reflexionan en voz alta sobre diferentes cuestiones de género en relación a su propia carrera científica.

Por último, el libro se cierra con el texto Igualdad de género, democracia y búsqueda del bien común como retos de la ciencia, en el que las editoras retoman la reflexión sobre el estado actual y la trayectoria de los estudios de Ciencia y Género, y en el que apuestan por la defensa de un modelo de ciencia más igualitario y democrático, en sintonía con el debate que se produce actualmente en la filosofía de la ciencia y el meta-análisis interdisciplinar.

El texto en su conjunto propone, pues, un amplio recorrido desde el cuestionamiento de los modelos, prácticas y estructuras de la ciencia a la reflexión sobre las alternativas y retos actuales que se plantean en las políticas de igualdad en investigación, y que incluyen, entre otros, aspectos tales como el avance y consolidación progresiva de la incorporación de la perspectiva de género a la práctica investigadora y del diseño de tecnologías, el diseño curricular de las diferentes titulaciones en la educación superior, las buenas prácticas en la gestión del personal en los procesos de selección, formación y promoción en las instituciones científicas y tecnológicas, o la reflexión sobre el modelo y las metas y direcciones de la ciencia. A todo ello subyacen preguntas esenciales: ciencia ¿para qué/quiénes?, ciencia ¿sobre qué/quiénes?, ¿quiénes deben hacer la ciencia?, ¿qué tipo de ciencia debe hacerse?, etc. Un deber ser que alude a cuestiones de aceptabilidad epistémica y a la ética, además de a la construcción social de conceptos tales como calidad, excelencia, democracia, justicia e igualdad. Sobre ello nos ayudan a reflexionar las investigadoras que han contribuido con sus trabajos y las magníficas mujeres que nos muestra la exposición.

Enero de 2013