Mujeres que ocultan la Luna,
mujeres que conocen.
(Texto incluído en el catálogo de la exposición Centaurides de Alfonso García)
(Texto incluído en el catálogo de la exposición Centaurides de Alfonso García)
I
¿Conoces a las mujeres de
Tesalia? ¿Aquellas que eran capaces de ocultar la Luna?
Cuenta el mito que las centáurides habitaban en las montañas de
Tesalia. Blancas mujeres centauros imaginadas por el retórico Filóstrato y por
el poeta Ovidio en su Metamorfosis. Seres extraordinarios que miran al cielo
para determinar sus destinos. Destino de muerte por amor el de la soñadora
Hylonome, cuando Cyllarus viaja a las estrellas.
De Tesalia, la primera
astrónoma reseñada en la historia, conocedora de los ciclos de Saros, del arte
de los caldeos de la vieja Mesopotamia, capaz de predecir eclipses, una mujer
con conocimientos: Aglaonike, la mujer que podía hacer desaparecer la Luna a
voluntad. Cálculos pacientes, aprendidos, tablas de efemérides que recogen los
acontecimientos de los cielos.
Mujeres tesalias, sabias, que
a través de la mirada de Horacio, Virgilio o Platón se convierten en malvadas
brujas o en otra cosa: Considera, amigo,
si esto es útil para ti y para mí, no sea que nos suceda lo que, según dicen,
sucede a las mujeres tesalias que hacen descender la Luna, esto es, que la
posesión de este poder en la ciudad sea al precio de lo más querido[1].
Aglaonike de Tesalia, en el
mito de Orfeo y Eurídice la malvada suma sacerdotisa de Hécate: la diosa de la
Luna, la señora de la noche, la que conoce, la que sabe. La que enseña que lo
femenino es valioso por sí mismo porque encierra una eterna sabiduría, mujeres
libres de las cadenas de los hombres dominadores[2]. Centáuride preñada
de Luna.
¿Conoces a las mujeres
tesalias? ¿Conoces a las mujeres que tienen el poder de ocultar a la Luna?
II
¿Y a la gran Hipatia? Tracemos
una genealogía de astrónomas, de mujeres, recuerda a las olvidadas, a las que
no ocupan sino unas pocas líneas en los tratados científicos que moldean
nuestra cultura, y a aquellas que se convierten en iconos del ideal masculino. Modelos geométricos del universo, la perfección
matemática objeto de la búsqueda de las pitagóricas: Theano, Myia, Damo y
Arignote. La filosofía platónica inspira a Hipatia y coloca en sus manos
astrolabios, la magia de los números, los ciclos, el bien, la verdad y la
belleza en sus ojos y en su mente.
Buscadora incansable de la sabiduría, un viaje a través de los conocimientos, situado el espíritu en un estado de revelación, de contemplación, de teoría. Hipatia quiere alcanzar la experiencia de ver la verdadera realidad, la causa original de la realidad temporal, el origen y la explicación del porqué de las cosas. Los ritos sagrados de la filosofía se hacen accesibles a quienes buscan la sabiduría tradicional así como a quienes estudian los principios de las matemáticas, la geometría y la astronomía. Ella enseña a sus discípulos la Aritmética de Diofanto, las Cónicas de Apolonio, la Sintaxis matemática de Ptolomeo y redacta los Comentarios, leídos por Copérnico.
Museo y Biblioteca de Alejandría, papiros y pergaminos, volúmenes de saberes acumulados destruidos, soberbia, celos, luchas de religión y por el poder, carne lacerada y desmembrada de la gran astrónoma que buscó la Morada de sol, Heliocentrismo imaginado. Desmembramiento y desaparición de la cultura clásica, heroína de Voltaire y del Romanticismo.
Buscadora incansable de la sabiduría, un viaje a través de los conocimientos, situado el espíritu en un estado de revelación, de contemplación, de teoría. Hipatia quiere alcanzar la experiencia de ver la verdadera realidad, la causa original de la realidad temporal, el origen y la explicación del porqué de las cosas. Los ritos sagrados de la filosofía se hacen accesibles a quienes buscan la sabiduría tradicional así como a quienes estudian los principios de las matemáticas, la geometría y la astronomía. Ella enseña a sus discípulos la Aritmética de Diofanto, las Cónicas de Apolonio, la Sintaxis matemática de Ptolomeo y redacta los Comentarios, leídos por Copérnico.
Museo y Biblioteca de Alejandría, papiros y pergaminos, volúmenes de saberes acumulados destruidos, soberbia, celos, luchas de religión y por el poder, carne lacerada y desmembrada de la gran astrónoma que buscó la Morada de sol, Heliocentrismo imaginado. Desmembramiento y desaparición de la cultura clásica, heroína de Voltaire y del Romanticismo.
III
Microcosmos y macrocosmos, el
corazón, las entrañas conectadas con el universo, un mundo vivo, lleno de
energías e influencias vitales. Sólo corazón.
Hildegarda de Bingen, Liver scivias, Tierra envuelta en
cascarones celestiales concéntricos que influían en los acontecimientos
terrestres, pero no esféricos, sino ovoides, vulvas sugeridas. Cosmologías. Vidas,
conocimientos y logros de mujeres en las manos de Christine de Pizan en la Ciudad de las Damas
Parteras, sanadoras,
cuidadoras, boticarias y cirujanas. Trótula y las Damas de Salerno, mujeres
firmemente ancladas a tierra, empíricas, ávidas de saberes prácticos que
rechazan las creencias astrológicas de los médicos. Tratados que acaban
olvidando a quienes llenaron sus páginas de sabios remedios y observaciones
sobre la vida, sobre los ciclos, sobre las hierbas y las medicinas, una
tradición que reescribe la historia y borra sus nombres. ¿Quiénes fueron? ¿Quiénes
escribieron? La historia no las recuerda.
Mujeres sabias, que conocen,
que transmiten los saberes de generación en generación y que acaban en la
hoguera. Brujas, buscadoras del mal para los hombres.
IV
Sophie Brahe, Marie Cunitz, Urania propitia, Elisabeth Hevelius, Machinae celestae, Maria Winckelmann
Kirch, Nicole Lepaute. Observadoras pacientes de los cielos: escudriñar con el
sextante, computar, calcular, corregir viejas observaciones, elaborar calendarios,
publicar almanaques, redactar libros de de efemérides solares, lunares y
planetarias. El Sol rige el universo y la Tierra baila a su alrededor, calcula
la conjunción del Sol con Saturno y Venus, la de Júpiter y Saturno, computa sin
descanso. Lalande, director del observatorio de París, dedica L’ Astronomie des dames a Mme Lepaute, su
trabajo, seis meses calculando desde la mañana a la noche, permitió predecir la
vuelta del cometa Halley, un éxito del sistema newtoniano, mérito que la
historia atribuye sólo a Clairaut.
Caroline Herschel anota en su
diario: Hoy he contado cien nebulosas, y
esta tarde vi un objeto que, según creo, mañana resultará ser un cometa. Y
al día siguiente: el objeto de anoche es
un cometa[3].
Su descubrimiento fue publicado en las Philosophical
Transactions. Fue sólo uno de sus múltiples reconocimientos y sólo una
parte del ingente trabajo para elaborar el catálogo británico de estrellas,
publicado por la Royal Society.
Las mujeres suben a los
tejados, abandonan el lugar natural de las damas en la oscuridad de la noche,
todas quieren telescopios, todas quieren observar las estrellas, conocer las
novedades de los cielos, como sus hermanas astrónomas. E imaginan selenitas en
la Luna -¿cómo serán? Son Soñadoras de estrellas.
Y ¿por qué no imaginar?
Arrojar el lastre de los dogmatismos y recuperar el auténtico pulso del pensar,
sustituir los saberes filosóficos petrificados y cuestionar los saberes
heredados. Es época de revoluciones y de sueños. Kepler había imaginado vuelos
estelares, barcos con velas adaptadas a la brisa de los cielos, y habitantes en
la Luna en Somnium y Fontenelle
muestra en sus Entretiens sur la
pluralité des mondes las nuevas concepciones del universo. Descartes lo ha
llenado de vórtices, plenum de
materia sometida a fuerzas mecánicas, universo ilimitado. Las damas de ciencia,
las filósofas, se preguntan por las posibilidades abiertas en un mundo infinito,
desarrollan un pensar libre de armaduras o abrazaderas, la libertad del pensar
comienza con la pregunta curiosa, con el uso de otras lentes, con la filosofía
del y ¿por qué no?
V
Las fuerzas de atracción rigen
el universo. Algarotti escribe Il
newtonianismo per le dame asistido por la gran Madame du Châtelet, quien
reclama su derecho a filosofar: Juzgadme
por mis propios méritos o por mi falta de ellos, pero no me veáis como un
apéndice de aquel gran general o aquel renombrado académico. Esta estrella que
brilla en la corte de Francia o aquel afamado autor. Soy por mí misma una
persona completa, responsable única de mi misma, de todo lo que soy, todo lo
que digo, y todo lo que hago[4].
Emilie traduce al francés Philosophiae naturalis principia mathematica
de Newton, en los que incluye valiosos comentarios, mientras Voltaire le dedica
poemas y la ama. “Traidora a la causa”, diagnóstico de la Academie des Sciences por redactar Institutions de Physique. La metafísica de Leibniz y el principio
de razón suficiente era una forma de preservar la necesidad y constancia del
orden natural, y la libertad humana, la respuesta al porqué de las leyes
establecidas más allá del cómo a la
que la física matemática da respuesta. Newton ofrecía como causa la
omnipotencia de Dios para crear el mundo, un ejercicio de su propia voluntad y
libertad. Seres humanos sometidos al destino divino, pero, advierte Emilie:
Dios podría cambiar de opinión y ¿qué libertad nos queda?
Preguntas que ya no cabe
plantear a la nueva Filosofía Natural. Sociedades científicas, academias al
servicio de la ciencia, el nuevo orden establecido exigía sólo de algunos
retoques para ser completado.Alcanzadas las certezas
gracias a la física matemática, el progreso de las naciones sería el fruto más
preciado, la búsqueda de la longitud finalmente un problema resuelto y barcos
cargados de riquezas provenientes del nuevo mundo inauguran un futuro
prometedor para los sujetos de la ciencia. Desentrañados los misterios del
universo, el resto de los interrogantes obtendría respuesta en las mentes de
los hombres racionales y lógicos. Ellas debían apartarse. Oh! Adiós a los Destellos
de sol e infinito
Las “bluestocking”, el epíteto
de las mujeres instruidas, las preciosas ridículas de Moliere, Les femmes savantes, las que osan
reclamar autoridad intelectual, no saben lo que hacen, se acabó el tiempo de
imaginar, es el momento de la modernidad, del desarrollo de la tecnología, del
protagonismo del científico varón: el sujeto autorizado de conocimiento, el más
alto de la escala evolutiva, el responsable del progreso de nuestra especie.
VI
Harenes de sabias mujeres al servicio de la
gloria de Pickering y Hubble. Siete horas al día, seis días a la semana,
catalogar las estrellas que eran fotografiadas y clasificar sus espectros,
obreras de la astronomía. Mentes creadoras, sistemas de clasificación de
estrellas surgieron de sus cabezas, Annie Cannon, Antonia Maury, Williamina
Flemming. Henrietta Leavitt desveló
patrones regulares en la luminosidad de las Cefeidas, cálculos necesarios para
estimar las distancias relativas entre estrellas, el tamaño de nuestra galaxia
y del Universo. Infravaloradas, no reconocidas.
Mileva Maric, las ondas gravitacionales
susurran tu nombre, la compañera de Einstein apartada de su camino, pero ¿quién
le habló del espacio-tiempo? y ¿quién dio forma matemática a su imaginación?. Ella
reclama desde su tumba, la lápida inscrita: Mileva
Einstein, un lugar en la historia[5].
Jocelyn Bell supo por primera vez de los faros del universo en la oscura
inmensidad, púlsares, estrellas de neutrones emitiendo haces de radiación
electromagnética, susurrando los secretos del universo. Nobel que fue a otras
manos. Sombría
de cielo, invisibles, olvidadas,
méritos de ellos.
VII
Brujas, ocultadoras de la
Luna, sabias, observadoras de los ciclos de la naturaleza, cazadoras de
regularidades, computadoras, mujeres que hablan el lenguaje de la precisión
matemática y el de la imaginación y la creatividad. Miradas pensadoras trazan una genealogía de mujeres que reclama ser
conocida, un lugar en la historia, visibles a los ojos de las nuevas
generaciones. Aristóteles sentenció que el mayor ornato de las mujeres era el
silencio, silencio que significaba ausencia de la voz autorizada. Sus mentes,
inferiores por naturaleza, no están destinadas al conocimiento, sino a la
procreación y al placer, sometidas al varón, quien habla en su nombre, dueño de
la voz pública. Nuestra cultura lo asumió, se articuló en base a la asimetría y
la desigualdad.
No! las centáurides se rebelan, son cachitos de cielo recostadas firmemente en el suelo de la vida, que observan los cielos e imaginan nuevos mundos futuros, mundos posthumanos liberadores, superadores de jerarquías y desigualdades, habitados por seres dialogantes en su diversidad y pluralidad, configurando armonías entre razón y pasión.
No! las centáurides se rebelan, son cachitos de cielo recostadas firmemente en el suelo de la vida, que observan los cielos e imaginan nuevos mundos futuros, mundos posthumanos liberadores, superadores de jerarquías y desigualdades, habitados por seres dialogantes en su diversidad y pluralidad, configurando armonías entre razón y pasión.
Febrero de 2016
[1] Platón, Gorgias, 513
[2] M. Santana, “Astronomía babilonia”, en Mujeres astrónomas y matemáticas en la Antigüedad, 2004. FCOHC.
[3] Margaret Alic (1991), El Legado
de Hipatia. S. XXI, p.154
[4] Carolyn Iltis, (1977),
“Madame du Châtelet’s Metaphysics and Mechanics”, Studies of History and Philosophy of Science, 8, p.3
[5] I. Perdomo, “Mileva
Maric. A la sombra del genio”. Filosofía, ciencia y género. Blogspot
No hay comentarios:
Publicar un comentario