Cuenta
una anécdota que, casada con su segundo marido y participando en una reunión con Laplace y
otros científicos, alguien afirmó que apenas una docena de matemáticos eran
capaces de leer la compleja obra de Laplace y desde luego sólo dos mujeres y
ambas escocesas: la señora Craig y ella, la señora Somerville. Ambas eran la
misma persona. Tras los apellidos de los maridos, a veces cambiantes, la autoría de destacadas mujeres de ciencia se diluye en una Historia de la Ciencia que no les ha prestado atención. Mary Somerville (1780-1872) es sin duda una de las grandes olvidadas.
Mary
Somerville , llamada “la reina de la ciencia en el siglo XIX” en el
obituario publicado por The Morning Post, el 2 de Diciembre de 1872, es
conocida por ser la traductora de Mécanique Céleste de P. S. Laplace con
el título The Mechanism of the Heavens (1831). En esta obra incluyó una Disertación
Preliminar que contribuyó a la introducción de las matemáticas
continentales entre los lectores ingleses ya que incluía las herramientas
conceptuales necesarias para la comprensión del texto, así como una historia de
los avances en astronomía y una contextualización, elucidación, e
interpretación del trabajo de Laplace. Esta ‘traducción al lenguaje común’ hizo
que el libro y la Disertación se convirtieran en los textos centrales en los
cursos de matemáticas en Cambridge y que formaran parte del proyecto de
creación de la Library of Useful Knowledge impulsada por Lord Brougham,
si bien finalmente hubo de encontrarse otro editor ante la magnitud de la obra.
Mary
incorpora en su trabajo un esquema interpretativo que ‘suaviza’ el esquema
mecanicista y determinista de Laplace y presenta un universo vivo, lleno de luz
y color. Esta obra la sitúa en la élite de la ciencia. En tal sentido, forma
parte del círculo de la bióloga y química Jane Marcet, John Herschel, Charles
Babbage y Ada Lovelace, de quien es instructora y amiga, Faraday o George
Peacock, entre otros. Con este primer trabajo de 1831 obtiene una merecida
reputación científica. Mary había presentado en 1826 en la Royal Society
el estudio basado en experimentos realizados en su jardín «The Magnetic
Properties of the Violet Rays of the
Solar Spectrum», publicado en Philosophical Transactions. En 1834, publica On the Connexion of the
Physical Sciences, un amplio tratado sobre la interdependencia de los
fenómenos físicos y las conexiones entre las ciencias físicas. La obra trata
sobre astronomía física, mecánica, magnetismo, electricidad, sobre la
naturaleza del calor, el sonido y la óptica además de la meteorología y
climatología. La comprensión de los cielos se unía así al deseo subsiguiente de
comprender los fenómenos terrestres, pues estaba convencida, y este
convencimiento es una constante en el conjunto de su obra, de la profunda
unidad natural que subyace en todo el universo. Faraday revisó varias ediciones
de la obra, que llegaron a diez, además de las traducciones al francés, alemán
e italiano, y de la que se venden más de 15.000 ejemplares.
A través de sus
reediciones en los cuarenta años siguientes se advierte la evolución de la
ciencia en estos temas ya que la obra era escrupulosamente puesta al día. Un
dato importante a considerar es que en la reseña de esta obra que realiza W.
Whewell, Master del Trinity College de Cambridge, aparece el primer uso público del término ‘científico’: W.
Whewell, «On the connexion of the physical sciences. By Mrs. Somerville», Quarterly
Review, 51, 1834, pp. 54-68. Whewell
había propuesto el término en 1833 en una reunión de la British Association
for the Advancement of Science. En la reseña establece dicho término como
análogo a “artista” o “economista”, y lo define de modo general como “un nombre
con el cual podemos designar a los que estudian el conocimiento del mundo
material colectivamente..., un término general con el que los miembros (de
BAAS) pueden describirse a sí mismos con referencia a sus metas”. Estamos en un
momento en el que la profesionalización, especialización e institucionalización
de la ciencia aún no se habían producido.
En 1848, ve la luz Physical Geography. La obra
estaba lista para la imprenta cuando se publica el primer tomo del Kosmos
de Humboldt, lo que estuvo a punto de hacer que Mary desistiera de su
publicación y que destruyera la obra quemándola. Pero la envía a J. Herschel,
quien recomienda su inmediata publicación. Se convierte también en el texto de
referencia en las universidades inglesas durante los siguientes cincuenta años.
La obra incluía una descripción de la estructura global de la tierra y otras
características de la misma comenzando con las fuerzas que dieron lugar a los
continentes. Estudia también los elementos más dinámicos del paisaje natural:
las mareas, los ríos y los lagos, y las fuerzas que actúan en ellos, incluyendo
las que gobiernan la temperatura, la luz y el color, la electricidad, las
tormentas, la aurora y el magnetismo. Incluye una descripción del mundo vegetal
de acuerdo con su distribución geográfica; la descripción de los insectos, los
peces y los reptiles de acuerdo con esa misma distribución y la descripción de
los pájaros y de los mamíferos por continentes. Finalmente, muestra la
distribución y condición de la raza humana: hace repaso a las teorías sobre sus
orígenes, las costumbres, el lenguaje y
las cotas de progreso alcanzadas por la humanidad.


Una anciana pero lúcida Mary
Somerville publica dos textos más, Molecular and Microscopic Science, en
1869, en los que incluye los más recientes descubrimientos en química y física
y, finalmente, su propia correspondencia, recogida en Personal Recollections: Cartas y notas seleccionadas por su hija,
Martha Somerville y publicadas en 1873 como Personal Recollections, from
Early Life to Old Age, of Mary Somerville, John Murray, Londres. Existe una
edición actual de Dorothy McMillan, Queen Of Science. Personal
Recollections of Mary Somerville. Cannongate, Edinburgh, 2001.
Junto a su labor científica hemos de destacar su
continuo compromiso con la educación y la conquista de derechos de las mujeres.
Como afirmó J. Stuart Mill, ella encabezó la lista de firmantes del manifiesto
por el sufragio para las mujeres, también formó parte del movimiento
anti-vivisección y se trasladó a vivir a Italia en la década de los cuarenta
criticando ‘el prejuicio irracional que prevalece en Gran Bretaña en contra de
la educación literaria y científica para las mujeres’. Paradójicamente creía
que, a pesar de todo, a las mujeres les faltaba el ‘genio’ científico. Esta
afirmación la hace en la octava edición de Connexion of Physical Sciences,
al introducir la novedad del descubrimiento de Neptuno (1846) tras la
computación de la órbita de Urano. La idea, había afirmado Adams, surgió tras
la lectura de una edición anterior de la obra de Mary. Efectivamente, en la
sexta edición publicada en 1842, puede leerse:
«Those of Uranus,
however, are already defective, probably because the discovery of that planet
in 1781 is too recent to admit of much precision in the determination of its
motions, or that possibly it may be subject to disturbances from some unseen
planet revolving about the sun beyond the present boundaries of our system. If,
after a lapse of years, the tables formed from a combination of numerous
observations should be still inadequate to represents the motions of Uranus,
the discrepances may reveal the existence, nay, even the mass and orbit, of a
body placed for ever beyond the sphere of vision».
Aún así, este aspecto del descubrimiento del planeta ha
sido ampliamente ignorado por la historia de la ciencia.
La Royal Society situó su busto en el Great Hall. Fue
miembro honorario de las más destacadas Sociedades Científicas y recibió una
pensión del gobierno. Jane Marcet le escribió:
«You receive great
honours, my dear friend, but that which you bestow on our sex is still greater,
for with talents and acquirements of masculine magnitude you unite the most
sensitive and retiring modesty of the female sex». Personal Recollections,
(2001, 168)
Mary Somerville es, probablemente, una de las grandes
olvidadas por la historia de la ciencia. Los primeros trabajos historiográficos
de Mary Somerville como científica, más allá de las pequeñas reseñas incluidas
en las historias de las mujeres matemáticas son los de E. C. Patterson: «Mary
Somerville», BJHS , Vol. IV, nº16, 1969, pp. 311-339; «The case of Mary
Somerville: An aspect of nineteenth century science», Proc. Amer. Philos.
Soc., 118, 1974, pp. 269-275. y Mary Somerville and the Cultivation of
Science 1815-1848. The Hage, Nijhoff. Kluwer,
1983. A lo sumo, ha sido incluida en los listados de mujeres matemáticas
famosas y sus reseñas biográficas son tan cortas como superficiales y
parciales. Otros relatos ‘no críticos’ y deudores aún de la concepción de la
historia de la ciencia como un simple panteón de descubridores la han retratado
como una popularizadora o figura de menor interés.
Pero
Mary Somerville fue una eminente científica, su nivel de conocimiento de la
ciencia fue muy alto, su participación en la comunidad científica de su época
fue muy amplia, sus contribuciones al avance de la ciencia fueron
fundamentales, el reconocimiento que recibió por parte de sus coetáneos y del
gobierno en forma de pensión reflejan también su importancia como científica, y
los criterios de cientificidad que se aplicaron a su trabajo fueron los mismos
que se aplicaban a los trabajos de sus ‘colegas científicos’. Formó parte de
las mejores Sociedades Científicas de Europa y América, y vendió miles de
ejemplares de sus obras.
Otros elementos pueden sumarse a
la lista propuesta para ofrecer una imagen contextualizada e integrada de la
significación de Mary Somerville, pero probablemente la mejor forma de mostrar
tal reconocimiento sea ofrecer la voz a sus coetáneos. Como mencionamos
anteriormente, W. Whewell redacta en 1834
la reseña de On the Connexion of the Physical Sciences para The
Quarterly Review, forum de los debates científicos más avanzados de la
época. En ella dedica gran número de reflexiones al problema de reconciliar las
cualidades de la mente de Somerville con los prejuicios convencionales acerca
de la inferioridad mental de las mujeres. Como sus contemporáneos, creyó que
había un ‘sexo en las mentes’. Pero tampoco estaba satisfecho con la idea de
considerar a Mary como ‘una excepción a la regla de las limitaciones femeninas
en lo referente a la empresa intelectual’. Por lo tanto, crea una nueva
categoría para incluirla: la élite de las
matemáticas eminentes, entre las que cita a Hypatia, Maria Gaetana Agnesi y
Mary Somerville, cuya cualidad mental es la de una ‘iluminación peculiar’ que
hace que tengan el mérito de ser profundas y la gran excelencia de lograr la
claridad. Uno de los aspectos más notables que Whewell presenta es que esta
iluminación, como sugiere Neeley en Mary Somerville. Science, Illumination
and the Female Mind. Cambridge University Press, 2001, no es una versión
inferior o diferente del intelecto masculino, sino que es en algunos aspectos
superior a la mente filosófica masculina. La admiración que Whewell refleja en
estas páginas por las mujeres filósofas capaces de alcanzar tal claridad es
expresada poéticamente estableciendo la diferencia entre unos y otras. A
diferencia de los hombres, afirma, perdidos en las nubes de las palabras, la
mente femenina es capaz de elevarse sobre los conflictos que dejan perplejos a
los hombres, y su tendencia a la
complejidad; y el conflicto se contrapone a la característica que observa en el
trabajo de Mary Somerville: la brillantez de su claridad, la lucidez con que
advierte la interconexión entre todas las fuerzas de la naturaleza.
Es tremendamente instructivo leer estas páginas de
Whewell en el análisis propuesto por Neeley. Nos permite repensar y revisar las
asunciones sobre las mujeres, el género y la ciencia, así como repensar las
relaciones entre la eminencia lograda por Mary Somerville y las categorías y
conceptualizaciones tradicionales sobre las mujeres y la ciencia. Más
instructivo aún es leer la selección de cartas publicadas en Personal
Recollections. Mary es considerada como un miembro del grupo de W. Wallace
en Edimburgo, y comparte el interés por el desarrollo y mejora de la
instrucción matemática en Inglaterra. Este tema
preocupa también a los ‘hombres de Cambrigde’: Playfair, De Morgan,
Ivory, Wallace, Paecock, Whewell, Babbage, y, por supuesto, Herschel. De hecho
es invitada al Trinity College, donde recibe honores de eminencia
científica tras la publicación de su obra sobre Laplace.
La
relación más estrecha la mantiene con J. Herschel, quien se convierte en su
amigo, revisor, crítico y colega. Junto a Faraday, son los amigos y contactos
más importantes en el contexto de la red de colaboradores de la que forma
parte. Es importante señalar que en la reseña que Herschel hace de Mechanism
afirma que su trabajo será un fuerte estímulo para el estudio de la ciencia
abstracta. El reconocimiento que logró por parte de sus coetáneos es razón más
que suficiente para reclamar un análisis más profundo del personaje a través de
la inmersión en el escenario, los valores y los debates de la época haciendo
surgir así las características de la ciencia del momento en que vive.
La historia de las mujeres de ciencia permanece aún
como un campo disciplinar aislado y debe ser un objetivo inmediato crear
narrativas históricas integradas y más satisfactorias de la participación de
las mujeres en la ciencia. Un enfoque integrador que subraye el entramado de
sus relaciones, cómo fue percibida por sus contemporáneos y el reconocimiento y
autoridad que le otorgaron. Lejos de los estereotipos relacionados con las
mujeres interesadas en ciencia, quienes han sido valoradas como amateurs, divulgadoras o popularizadoras,
Mary Somerville puede ser considerada según los criterios de cientificidad de
la época una científica, que escribe y dirige sus libros a lectores expertos,
sus iguales y colaboradores. Además, puede ser considerada como una de las
intelectuales más importantes de la época, como otros miembros de clase media
que buscan o abogan por un cambio en la sociedad y aseguran su posición a
través de la promoción de la ciencia y otras reformas (por ejemplo, el sufragio
universal). Mary juega un papel instrumental en desarrollar y diseminar una
visión de la ciencia que ayudó a promocionar la unidad cultural que situó a
aquélla en el contexto de la agenda liberal y social.
Lo
científico sublime: retórica y naturaleza viva.
Como ha estudiado Margarita Santana, tradicionalmente se han
rechazado u omitido las dimensiones retóricas de la ciencia: el discurso
científico está absolutamente separado de otras formas de discurso, y más en
concreto, de lo que son las formas literarias del discurso. Ciencia y
literatura se han presentado como antagónicas: existe entre ellas un hiato
insalvable. En la escritura de Somerville, sin embargo, conviven y coexisten
conjuntamente la poesía y la ciencia, la imaginación y las matemáticas, la
religión y la ciencia, el mundo del telescopio y el del microscopio, lo cósmico
y lo cotidiano. M. Somerville combina amplitud de visión y profundidad de
comprensión con claridad de percepción, y todo ello sin sacrificar la
complejidad para lograr la claridad; así, une la complejidad de la ciencia y de
la matemática con una certeza que le permite pasar la antorcha del conocimiento
a otros. Estas cualidades suyas combinan el poder perceptivo de la ciencia con la
poesía para ir más allá de la experiencia ordinaria y presentar una visión del
mundo que está delineada de modo preciso, es fácil de comprender, y agradable
de contemplar. La grandeza en la literatura y en la ciencia se asocia con la
visión sublime revelada a través de esa mente que ve más y más claramente que
otras, que comprende lo enorme y lo diminuto y lo sintetiza todo en una visión
coherente y unificada. La escritura de Somerville evoca lo científico sublime,
la capacidad de ver la naturaleza revelada a través de la ciencia para evocar
el mismo sentido de majestad y poder que los seres humanos sienten en presencia
de Dios. La ciencia es “cálculo exacto” y “meditación elevada”, todas las
cualidades de la mente divina, que están duplicadas en la mente humana:
«Science, regarded
as the pursuit of truth, which can only be attained by patient and unprejudiced
investigation, wherein nothing is too great to be attempted, nothing so minute
as to be justly disregarded, must ever afford occupation of consummate interest
and of elevate meditation. The
contemplation of the worlds of creation elevates the mind to the admiration of
whatever is great and noble, accomplishing the object of all study, which in
the elegant language of Sir James Mackintosh is to inspire the love of truth,
of wisdom, of beauty, specially of goodness, the highest beauty, and of that
supreme and eternal mind, which contains all truth and wisdom, all beauty and
goodness. By the love or delightful contemplation and pursuit of these transcendent
aims for their own sake only, the mind of man is raised from low and perishable
objects, and prepared for those high destinies which are appointed for all
those who are capable of them» Preliminary Dissertation to Mechanism of the
Heavens.
Mary adopta la tradición poética establecida por Milton y los poetas
del siglo XVIII, y los poetas románticos de principios del XIX, y la transforma
en prosa científica. En este proceso crea una retórica poderosa y persuasiva
para la ciencia que se basa en nuevos modos de ver y responder al mundo
natural. La ciencia es una actividad colectiva y también una empresa
progresiva, progresista e iluminadora que es compatible con, y además apoyo de,
tradiciones morales, estéticas y religiosas. La iluminación que proporciona puede
ser transformada en iluminación para los seres humanos, y, del mismo modo que
la poesía, puede concebirse como una forma elevada de percepción y expresión,
con su carácter dinámico y polifacético. El placer estético, pues la ciencia es
un encuentro con la bondad, la belleza, y también con lo útil, y el progreso de
la ciencia aumentan la percepción de unidad, la contemplación del universo como
un todo interconectado, con sus dramas, complejidades y vastedad, un universo
vivo, vívido, cálido, y estéticamente satisfactorio entendido, con todo,
científicamente. Somerville es capaz de mostrar los modos en que se relacionan
la estética y los placeres intelectuales de la ciencia, combinando y fusionando
el discurso analítico, cuantitativo, y la dimensión estética de la misma en un
todo sin fisuras, con el contenido científico dominando y el elemento estético
añadiéndole poder, significado y placer. Subraya así el papel que el drama, la
visualización, la imaginación, y lo estético pueden jugar en los discursos científicos.
Su visión del mundo es claramente un modo de percepción holista y
multifacético, dinámico, desplegado a través de patrones descriptivos y marcos
interpretativos como la plataforma cósmica, el rastreo de laberintos, la
naturaleza como un teatro épico, y el paisaje vívido. La complejidad y el
aparente caos se captan y resuelven en un amplio patrón de simplicidad y orden.
El cosmos es un sistema completo, armonioso y ordenado, la interdependencia y
la interconexión son principios fundamentales de la naturaleza, pero también de
la ciencia y de la experiencia humana. En la escritura científica de Somerville
la naturaleza es activa, y ella la observa atentamente y la retrata
dramáticamente. No es una observadora pasiva sino interactiva que entra en la
naturaleza imaginativa y analíticamente, y obtiene una comprensión conceptual
firme de la mayoría de los fenómenos que observa. La viveza de su retrato
deriva en gran parte de su habilidad para conjugar los discursos de la ciencia,
del drama, la poesía, la estética, la filosofía y la teología, y lo conjuga
todo en una especie de tapiz tridimensional que retrata un mundo activo tal
como es visto científicamente. Aproximándose a la ciencia desde perspectivas
diferentes proporciona una visión de la misma que incluye sus métodos, temas,
conclusiones principales y motivaciones, su significación práctica y
filosófica, y sus satisfacciones estéticas e intelectuales.
Para Mary Somerville, la ciencia juega un papel esencial en el contexto
de una visión progresista de la cultura, y puede servir como foco de una visión
unificadora sólo si está relacionada claramente con otros aspectos de la misma,
y si apoya otras metas materiales, sociales, morales, políticas, y religiosas.
Crear y promover tal visión tenía un componente intelectual y retórico,
requería conocimiento amplio y profundo y habilidades persuasivas, cualidades
todas que ella poseía en alto grado.
Este texto es una selección actualizada de los aspectos tratados más
ampliamente en: I. Perdomo y Margarita Santana, Mary Fairfax Somerville: lo científico sublime. Clepsydra, Revista
de Estudios del Género y Teoría Feminista, pp. 25-36, 2004. ULL.