Si el ámbito de las
ciencias está profundamente permeado por los valores masculinos
(representativos, según la retórica oficial, de lo humano universal), el de la
tecnología e ingenierías aún más. Generalmente se reconoce que éste es un
ámbito en el que los valores, habilidades y competencias masculinas se expresan
con mayor naturalidad. Si bien es cierto que el número de mujeres profesionales
en estos campos se ha incrementado considerablemente en las últimas décadas,
siguen siendo una minoría y, sobre todo, aún han de superar más obstáculos para
ejercer de forma autorizada a nivel profesional. Las mujeres se encuentran un sistema que, de
forma más o menos sutil, las trata como menos competentes, como extrañas.
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Mujeres en los sectores y servicios de tecnología media-alta |
Dos mitos siguen
estructurando las visiones generalizadas en nuestra cultura sobre las mujeres
en relación a las tecnologías: las mujeres tienen poca relación con la
tecnología, ya que ésta se entiende como conjunto de máquinas o artefactos más
o menos sofisticados técnicamente que requieren de habilidades no desarrolladas
(o que no son propias) por las mujeres; y las mujeres tienen miedo a la
tecnología (lo cual puede ser desarticulado desde la historia de la tecnología
y los estudios empíricos actuales).
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Cuatro de las programadoras de la Eniac 1964 |
Las primeras críticas
feministas a la tecnología, desde el enfoque liberal, se centraron en la
reivindicación del acceso de las mujeres a la ciencia y tecnologías, ámbitos
absolutamente masculinizados, aunque en los años 60 y 70 del pasado siglo aún
se consideraba que la ciencia y tecnologías eran neutrales con respecto al
género y que los episodios de sexismo o androcentrismo eran “corregibles”
gracias a una aplicación empírica más rigurosa del método científico. Desde
esta perspectiva, las acciones positivas a favor de la presencia de las mujeres
en los espacios y escenarios de la práctica tecnocientífica, se convirtieron en
la clave reivindicativa más importante.