10 junio 2016

Género y tecnologías. Ciberfeminismos y construcción de la tecnocultura actual


Revista Iberoamericana de CTS. OEI


Presentación Dossier especial Ciencia, Tecnología y Género


Género y tecnologías. Ciberfeminismos y construcción de la tecnocultura actual


Inmaculada Perdomo Reyes

La ceguera de género ha sido común en los estudios teóricos sobre las tecnologías y ello ha implicado la invisibilización de muchos de los aspectos que nos interesa ahora resaltar, en especial cuando han contribuido a la reproducción o persistencia de los estereotipos de género en nuestras relaciones con la tecnología. Los debates actuales del tecnofeminismo y el ciberfeminismo exigen tener mucho más presente el rol de los sujetos en los procesos de generación de conocimientos y las dinámicas de exclusión o desautorización en la práctica científico-tecnológica actual. Superar la injusticia epistémica, construir nuevas narrativas y universos simbólicos plurales e identificar las claves de una acción política transformadora en el mundo poshumano que se avista, son tareas que aborda el ciberfeminismo actual.

Palabras clave: tecnologías, género, ciberfeminismo, tecnocultura

13 abril 2016

Mujeres que ocultan la Luna. Mujeres que conocen.

Mujeres que ocultan la Luna, mujeres que conocen.

(Texto incluído en el catálogo de la exposición Centaurides de Alfonso García)








I

¿Conoces a las mujeres de Tesalia? ¿Aquellas que eran capaces de ocultar la Luna?
Cuenta el mito que las centáurides habitaban en las montañas de Tesalia. Blancas mujeres centauros imaginadas por el retórico Filóstrato y por el poeta Ovidio en su Metamorfosis. Seres extraordinarios que miran al cielo para determinar sus destinos. Destino de muerte por amor el de la soñadora Hylonome, cuando Cyllarus viaja a las estrellas.

De Tesalia, la primera astrónoma reseñada en la historia, conocedora de los ciclos de Saros, del arte de los caldeos de la vieja Mesopotamia, capaz de predecir eclipses, una mujer con conocimientos: Aglaonike, la mujer que podía hacer desaparecer la Luna a voluntad. Cálculos pacientes, aprendidos, tablas de efemérides que recogen los acontecimientos de los cielos.

Mujeres tesalias, sabias, que a través de la mirada de Horacio, Virgilio o Platón se convierten en malvadas brujas o en otra cosa: Considera, amigo, si esto es útil para ti y para mí, no sea que nos suceda lo que, según dicen, sucede a las mujeres tesalias que hacen descender la Luna, esto es, que la posesión de este poder en la ciudad sea al precio de lo más querido[1].

Aglaonike de Tesalia, en el mito de Orfeo y Eurídice la malvada suma sacerdotisa de Hécate: la diosa de la Luna, la señora de la noche, la que conoce, la que sabe. La que enseña que lo femenino es valioso por sí mismo porque encierra una eterna sabiduría, mujeres libres de las cadenas de los hombres dominadores[2]. Centáuride preñada de Luna.

¿Conoces a las mujeres tesalias? ¿Conoces a las mujeres que tienen el poder de ocultar a la Luna?


II

¿Y a la gran Hipatia? Tracemos una genealogía de astrónomas, de mujeres, recuerda a las olvidadas, a las que no ocupan sino unas pocas líneas en los tratados científicos que moldean nuestra cultura, y a aquellas que se convierten en iconos del ideal masculino.  Modelos geométricos del universo, la perfección matemática objeto de la búsqueda de las pitagóricas: Theano, Myia, Damo y Arignote. La filosofía platónica inspira a Hipatia y coloca en sus manos astrolabios, la magia de los números, los ciclos, el bien, la verdad y la belleza en sus ojos y en su mente. 

Buscadora incansable de la sabiduría, un viaje a través de los conocimientos, situado el espíritu en un estado de revelación, de contemplación, de teoría. Hipatia quiere alcanzar la experiencia de ver la verdadera realidad, la causa original de la realidad temporal, el origen y la explicación del porqué de las cosas. Los ritos sagrados de la filosofía se hacen accesibles a quienes buscan la sabiduría tradicional así como a quienes estudian los principios de las matemáticas, la geometría y la astronomía. Ella enseña a sus discípulos la Aritmética de Diofanto, las Cónicas de Apolonio, la Sintaxis matemática de Ptolomeo y redacta los Comentarios, leídos por Copérnico. 


Museo y Biblioteca de Alejandría, papiros y pergaminos, volúmenes de saberes acumulados destruidos, soberbia, celos, luchas de religión y por el poder, carne lacerada y desmembrada de la gran astrónoma que buscó la Morada de sol, Heliocentrismo imaginado. Desmembramiento y desaparición de la cultura clásica, heroína de Voltaire y del Romanticismo.


III

Microcosmos y macrocosmos, el corazón, las entrañas conectadas con el universo, un mundo vivo, lleno de energías e influencias vitales. Sólo corazón.

Hildegarda de Bingen, Liver scivias, Tierra envuelta en cascarones celestiales concéntricos que influían en los acontecimientos terrestres, pero no esféricos, sino ovoides, vulvas sugeridas. Cosmologías. Vidas, conocimientos y logros de mujeres en las manos de Christine de Pizan en la Ciudad de las Damas

Parteras, sanadoras, cuidadoras, boticarias y cirujanas. Trótula y las Damas de Salerno, mujeres firmemente ancladas a tierra, empíricas, ávidas de saberes prácticos que rechazan las creencias astrológicas de los médicos. Tratados que acaban olvidando a quienes llenaron sus páginas de sabios remedios y observaciones sobre la vida, sobre los ciclos, sobre las hierbas y las medicinas, una tradición que reescribe la historia y borra sus nombres. ¿Quiénes fueron? ¿Quiénes escribieron? La historia no las recuerda.


Mujeres sabias, que conocen, que transmiten los saberes de generación en generación y que acaban en la hoguera. Brujas, buscadoras del mal para los hombres.


IV

Sophie Brahe, Marie Cunitz, Urania propitia, Elisabeth Hevelius, Machinae celestae, Maria Winckelmann Kirch, Nicole Lepaute. Observadoras pacientes de los cielos: escudriñar con el sextante, computar, calcular, corregir viejas observaciones, elaborar calendarios, publicar almanaques, redactar libros de de efemérides solares, lunares y planetarias. El Sol rige el universo y la Tierra baila a su alrededor, calcula la conjunción del Sol con Saturno y Venus, la de Júpiter y Saturno, computa sin descanso. Lalande, director del observatorio de París, dedica L’ Astronomie des dames a Mme Lepaute, su trabajo, seis meses calculando desde la mañana a la noche, permitió predecir la vuelta del cometa Halley, un éxito del sistema newtoniano, mérito que la historia atribuye sólo a Clairaut.

Caroline Herschel anota en su diario: Hoy he contado cien nebulosas, y esta tarde vi un objeto que, según creo, mañana resultará ser un cometa. Y al día siguiente: el objeto de anoche es un cometa[3]. Su descubrimiento fue publicado en las Philosophical Transactions. Fue sólo uno de sus múltiples reconocimientos y sólo una parte del ingente trabajo para elaborar el catálogo británico de estrellas, publicado por la Royal Society.
Las mujeres suben a los tejados, abandonan el lugar natural de las damas en la oscuridad de la noche, todas quieren telescopios, todas quieren observar las estrellas, conocer las novedades de los cielos, como sus hermanas astrónomas. E imaginan selenitas en la Luna -¿cómo serán? Son Soñadoras de estrellas.

Y ¿por qué no imaginar? Arrojar el lastre de los dogmatismos y recuperar el auténtico pulso del pensar, sustituir los saberes filosóficos petrificados y cuestionar los saberes heredados. Es época de revoluciones y de sueños. Kepler había imaginado vuelos estelares, barcos con velas adaptadas a la brisa de los cielos, y habitantes en la Luna en Somnium y Fontenelle muestra en sus Entretiens sur la pluralité des mondes las nuevas concepciones del universo. Descartes lo ha llenado de vórtices, plenum de materia sometida a fuerzas mecánicas, universo ilimitado. Las damas de ciencia, las filósofas, se preguntan por las posibilidades abiertas en un mundo infinito, desarrollan un pensar libre de armaduras o abrazaderas, la libertad del pensar comienza con la pregunta curiosa, con el uso de otras lentes, con la filosofía del  y ¿por qué no?


V

Las fuerzas de atracción rigen el universo. Algarotti escribe Il newtonianismo per le dame asistido por la gran Madame du Châtelet, quien reclama su derecho a filosofar: Juzgadme por mis propios méritos o por mi falta de ellos, pero no me veáis como un apéndice de aquel gran general o aquel renombrado académico. Esta estrella que brilla en la corte de Francia o aquel afamado autor. Soy por mí misma una persona completa, responsable única de mi misma, de todo lo que soy, todo lo que digo, y todo lo que hago[4].

Emilie traduce al francés Philosophiae naturalis principia mathematica de Newton, en los que incluye valiosos comentarios, mientras Voltaire le dedica poemas y la ama. “Traidora a la causa”, diagnóstico de la Academie des Sciences por redactar Institutions de Physique. La metafísica de Leibniz y el principio de razón suficiente era una forma de preservar la necesidad y constancia del orden natural, y la libertad humana, la respuesta al porqué de las leyes establecidas más allá del cómo a la que la física matemática da respuesta. Newton ofrecía como causa la omnipotencia de Dios para crear el mundo, un ejercicio de su propia voluntad y libertad. Seres humanos sometidos al destino divino, pero, advierte Emilie: Dios podría cambiar de opinión y ¿qué libertad nos queda?

Preguntas que ya no cabe plantear a la nueva Filosofía Natural. Sociedades científicas, academias al servicio de la ciencia, el nuevo orden establecido exigía sólo de algunos retoques para ser completado.Alcanzadas las certezas gracias a la física matemática, el progreso de las naciones sería el fruto más preciado, la búsqueda de la longitud finalmente un problema resuelto y barcos cargados de riquezas provenientes del nuevo mundo inauguran un futuro prometedor para los sujetos de la ciencia. Desentrañados los misterios del universo, el resto de los interrogantes obtendría respuesta en las mentes de los hombres racionales y lógicos. Ellas debían apartarse. Oh! Adiós a los Destellos de sol e infinito

Las “bluestocking”, el epíteto de las mujeres instruidas, las preciosas ridículas de Moliere, Les femmes savantes, las que osan reclamar autoridad intelectual, no saben lo que hacen, se acabó el tiempo de imaginar, es el momento de la modernidad, del desarrollo de la tecnología, del protagonismo del científico varón: el sujeto autorizado de conocimiento, el más alto de la escala evolutiva, el responsable del progreso de nuestra especie.


VI

Harenes de sabias mujeres al servicio de la gloria de Pickering y Hubble. Siete horas al día, seis días a la semana, catalogar las estrellas que eran fotografiadas y clasificar sus espectros, obreras de la astronomía. Mentes creadoras, sistemas de clasificación de estrellas surgieron de sus cabezas, Annie Cannon, Antonia Maury, Williamina Flemming.  Henrietta Leavitt desveló patrones regulares en la luminosidad de las Cefeidas, cálculos necesarios para estimar las distancias relativas entre estrellas, el tamaño de nuestra galaxia y del Universo. Infravaloradas, no reconocidas.

Mileva Maric, las ondas gravitacionales susurran tu nombre, la compañera de Einstein apartada de su camino, pero ¿quién le habló del espacio-tiempo? y ¿quién dio forma matemática a su imaginación?. Ella reclama desde su tumba, la lápida inscrita: Mileva Einstein, un lugar en la historia[5]. Jocelyn Bell supo por primera vez de los faros del universo en la oscura inmensidad, púlsares, estrellas de neutrones emitiendo haces de radiación electromagnética, susurrando los secretos del universo. Nobel que fue a otras manos.Sombría de cielo, invisibles, olvidadas, méritos de ellos.


VII

Brujas, ocultadoras de la Luna, sabias, observadoras de los ciclos de la naturaleza, cazadoras de regularidades, computadoras, mujeres que hablan el lenguaje de la precisión matemática y el de la imaginación y la creatividad. Miradas pensadoras trazan una genealogía de mujeres que reclama ser conocida, un lugar en la historia, visibles a los ojos de las nuevas generaciones. Aristóteles sentenció que el mayor ornato de las mujeres era el silencio, silencio que significaba ausencia de la voz autorizada. Sus mentes, inferiores por naturaleza, no están destinadas al conocimiento, sino a la procreación y al placer, sometidas al varón, quien habla en su nombre, dueño de la voz pública. Nuestra cultura lo asumió, se articuló en base a la asimetría y la desigualdad. 

No! las centáurides se rebelan, son cachitos de cielo recostadas firmemente en el suelo de la vida, que observan los cielos e imaginan nuevos mundos futuros, mundos posthumanos liberadores, superadores de jerarquías y desigualdades, habitados por seres dialogantes en su diversidad y pluralidad, configurando armonías entre razón y pasión.



Febrero de 2016









[1] Platón, Gorgias, 513
[2] M. Santana, “Astronomía babilonia”, en Mujeres astrónomas y matemáticas en la Antigüedad, 2004. FCOHC.
[3] Margaret Alic (1991), El Legado de Hipatia. S. XXI, p.154
[4] Carolyn Iltis, (1977), “Madame du Châtelet’s Metaphysics and Mechanics”, Studies of History and Philosophy of Science, 8, p.3
[5] I. Perdomo, “Mileva Maric. A la sombra del genio”. Filosofía, ciencia y género. Blogspot

Imágenes de la exposición y piezas cortesía de Alfonso García


03 mayo 2015

Epistemología, Ciberespacio y Género


Fuente: Internet
Conferencia impartida en el Seminario Humanidades digitales el 28 de abril de 2015. Disponible en ULLmedia

Releo estos días a Feyerabend para preparar otra conferencia e inevitablemente los textos, las ideas, convergen. Como si fuera tomando vida propia y por encima de mis esfuerzos por dotar de una estructura lógica y racional al texto, donde cada parte y argumento suponga una profundización o derivación de lo anterior, el anarquismo hace presencia. Las ideas se yuxtaponen, nuevas búsquedas de información me llevan a tirar de otros hilos y nuevas conexiones inesperadas surgen. Y las palabras de Feyerabend vuelven a atraparme y me arrastran: “la ciencia es una empresa esencialmente anarquista, el anarquismo teórico es más humanista y más adecuado para estimular el progreso que sus alternativas basadas en la ley y en el orden” (Contra el Método (1975), 2007, 1). 

El laberinto de interacciones que trazan los tres conceptos: Epistemología, Ciberespacio y Género es imposible de abordar con las ingenuas y lineales leyes o pautas de una razón que busque establecer respuestas definitivas o bien delimitadas. La comprensión quedaría restringida, el lenguaje yerto y la imaginación atenazada. Solo quebrando las reglas metodológicas, infringiendo la norma, imaginando otros mundos, es posible avanzar. Cuando eliminamos del lenguaje, dice Feyerabend, aquellos significados profundos pero ya putrefactos que ha ido acumulando a lo largo de los siglos, como el de la búsqueda de la verdad, la idea de un método fijo o una teoría fija de la racionalidad, advertimos que el conocimiento no consiste en un acercamiento gradual a la verdad, por el contrario, es un océano, siempre en aumento, de alternativas incompatibles entre sí. (CM, 14) Y continúa: “expertos y profanos, profesionales y diletantes, forjadores de utopías y mentirosos, todos ellos están invitados a participar en el debate y a contribuir al enriquecimiento de la cultura” (CM,15).

Pareciera que Feyerabend imagina ya el Ciberespacioese nuevo “hogar de la mente” como lo definió John Perry Barlow en la “Declaración de independencia del ciberespacio” de 1996. No es la primera vez que se utiliza el término, es en 1984 cuando W. Gibson en la novela Neuromante juega con el concepto:

El ciberespacio. Una alucinación consensual experimentada diariamente por billones de legítimos operadores, en todas las naciones, por niños a quienes se enseña altos conceptos matemáticos... Una representación gráfica de la información abstraída de los bancos de todos los ordenadores del sistema humano. Una complejidad inimaginable. Líneas de luz clasificadas en el no-espacio de la mente, conglomerados y constelaciones de información. Como las luces de una ciudad que se aleja...

Fuente: Internet

Propongo, pues, una exploración anarquista, en el sentido de Feyerabend, del conocimiento en el ciberespacio como núcleo de la creación cultural contemporánea y desde la perspectiva de género, dejando que ideas, teorías, interpretaciones, valores, razones y emociones tiñan el lenguaje y la visión del mundo resultante. No es esta una visión postmoderna, o no del todo, pero sí humanista: la pregunta por los sujetos de conocimiento, por el soporte mental y material de nuestras representaciones del mundo, por el papel de la razón y la imaginación y la denuncia de la exclusión intolerable de las mujeres de las prácticas de co-producción de los significados que conforman nuestra cultura, cualquier cultura, ocupan el espacio de mi maleta en esta propuesta de viaje.

Sobre los sujetos en las epistemologías feministas. Para las teóricas del empirismo feminista el sujeto de conocimiento (hombres y mujeres que deberían ocupar por igual los espacios del conocimiento), inserto en comunidades y en un contexto que determina por medio de procesos sociales cuáles son los conocimientos aceptados como adecuados a través del proceso de la crítica intersubjetiva, el sujeto es plural, y el conocimiento es social en ese sentido. Para las teóricas del punto de vista feminista el privilegio epistémico está en manos de las mujeres. Su posición subordinada en la sociedad la sitúa en un espacio de desinterés por defender contenidos y procesos que la excluyen desarrollando así una visión más objetiva en tanto proporcionada desde la distancia y perspectiva adecuada. Finalmente, el postmodernismo señala las deficiencias de esta visión sobre las mujeres y el conocimiento subrayando la realidad de los sujetos actuales: hombres y mujeres con identidades parciales, situadas, en constante cambio y construcción.


La riqueza de estas visiones deja atrás el sujeto (abstracto, ideal, masculino) de conocimiento de la tradición moderna, olvidada también (no de manera universal) la imagen de un proceso de construcción del conocimiento neutral, objetivo y libre de valores. Tal ficción no existe, sólo existió en los textos y en la retórica triunfante de una ciencia, una cultura, que siempre excluyó e infravaloró la presencia de las mujeres en el conocimiento. La preocupación por el sujeto de conocimiento, por el espacio, en tanto juego de centros y periferias y la conveniencia de la distancia y perspectiva es central en las epistemologías feministas. Pero no suele incluirse en estas preocupaciones epistemológicas un estudio de los soportes del conocimiento y cómo determina este nuestro aprendizaje y el status que le otorgamos a esos conocimientos.

Del conocimiento estructurado al conocimiento hipervinculado. Si el gran proyecto del saber de la modernidad lo constituyó el proyecto de la Enciclopedia de Diderot y D’Alambert y el objetivo de sistematizar los conocimientos, y presentarlos de forma completamente articulada conforme a los criterios de la razón, el conocimiento en el ciberespacio actual es hipervinculado, promoviendo la imaginación y creatividad. Es una estructura que tiene un potencial enorme al incluir datos de cualquier índole: lo verbal, lo visual y lo sonoro incrustados en el mismo espacio como un sistema semiótico integral. La organización hipertextual, sin embargo, se manifiesta abierta, no lineal, “caótica”, sin centros ni periferias. (Sorokina).

Planchas de la Enciclopedia


El sujeto construye sus rutas de navegación, espontáneas y diferentes (cuantas veces no tenemos la experiencia de ser incapaces de reconstruir una ruta exploratoria de cualquier tema). Experiencias únicas de secuencias de información, de relaciones imprevistas y que conforman una experiencia cognitiva y emocional única. Mapas y representaciones de la realidad que el sujeto activo construye y recrea. También está pemitido crear ficciones, desde valores y visiones del mundo diferentes a las ortodoxas, características de la libertad del pensar desde la periferia.

Sabemos que la ciencia, el conocimiento en general, elabora modelos, representaciones que cartografían la realidad y que nos ofrecen mapas del mundo en los que observamos, si miramos atentamente, las claves y códigos de nuestra cultura, las convenciones y los valores del contexto en el que son diseñados. En realidad, la representación cumple con su función sólo si aceptamos una cierta interpretación basada en una serie de códigos de reconocimiento (visuales, simbólicos, culturales) que aceptamos como válidos o adecuados, con los que compartimos un modo de ver y percibir el mundo y que nos permite actuar. El nivel de constructivismo de estos códigos es muy alto. Además, la representación también implica la intencionalidad de los agentes como elemento imprescindible.


No estoy situándome en terreno relativista, no, estas representaciones son empíricamente adecuadas, nos ofrecen información sobre los fenómenos y comprendemos mejor el mundo objeto de nuestra curiosidad científica. Pero no es menos cierto que estos modelos y representaciones están insertas en esquemas conceptuales más amplios que ofrecen imágenes del mundo, son contextuales y responden a valores e intereses históricos.

Creamos mundos, somos hacedores de mapas, “mapmakers”. Y el espacio de construcción social y difusión de los conocimientos, de significados y cultura hoy es el ciberespacio. Y fue el ciberfeminismo, heredero del posmodernismo de D. Haraway, con autoras como Sadie Plant, la autora de ceros+unos la que propició una época de optimismo con respecto a la posibilidad, ahora sí, de que las mujeres, las personas con valores e intereses diferentes a los dominantes construyeran en un espacio cuyas características permiten la libertad para crear, quebrar significados petrificados y diseñar nuevas y liberadoras asociaciones de ideas. Porque nuestras utopías y exploraciones pueden encontrarse ahora, como afirma Sadie Plant, en el espacio no jerarquizado, democrático, del paisaje digital. El ciberespacio se presentó como la oportunidad radical de cambiar las cosas, no porque desaparecieran los cuerpos sino por las posibilidades de construir cultura sin que importe el juego de centro-periferia. Como señalaron Faith Wilding y el Critical Art Ensemble en un estudio sobre el ciberfeminismo: 

El territorio del ciberfeminismo es extenso. Los objetivos de su lucha son el ciberespacio, el diseño industrial y la educación: es decir, todos aquellos campos en los que el proceso tecnológico presenta un  sesgo sexista por el cual se excluye a las mujeres de las posiciones de poder dentro de la tecocultura.


Pero a pesar del optimismo de los ciberfeminismos lo cierto es que las mujeres son desalojadas de la producción de contenidos, más aún después de la publicación de ese texto escrito a finales de los 90. Las claves de la construcción de contenidos de todo tipo en el ciberespacio, sigue siendo eminentemente androcéntrica pero se ocultan ante la aparente democratización y accesibilidad a todos los contenidos, algo profundamente engañoso. Desde el punto de vista de la construcción y representación de los conocimientos los constructores de mapas siguen siendo hombres que seleccionan en función de sus valores, objetivos e intereses.

El “éxodo”, como lo califican algunos, de las mujeres del ámbito de la informática y que yo defino como “desalojo” es interpretado por aquellos como el resultado de las libres elecciones de las mujeres que tienen ahora otras preferencias, gustos e intereses. La realidad es que más de la mitad de las mujeres que trabaja en los ámbitos y profesiones informáticas abandona presionadas y obligadas por un ambiente de trabajo machista (macho work environments), gran aislamiento y presiones de trabajo extremas. Esta pérdida de la presencia de las mujeres en el núcleo de la creación informática es no sólo una gran pérdida del talento desarrollado sino un desalojo del núcleo de la creación de significados, artefactos y representaciones de nuestra tecnocultura actual.

La imaginación tecnológica abre nuevas e insospechadas posibilidades culturales y democráticas. Coincido con algunas críticas en que la educación en la imaginación tecnológica no es trabajo de los ingenieros y científicos en computación, es una cuestión eminentemente humanística, de las humanidades implicadas con las tecnologías digitales, tanto para desarrollar análisis teóricos y una comprensión más profunda acerca de las claves de nuestra tecnocultura actual, como para imaginar nuevas posibilidades de expresión, representaciones del mundo y construcción de proyectos liberadores de futuro. La creación imaginativa de las narrativas y representaciones requiere de la participación de las mujeres conscientes de la relevancia de este proceso. Y requiere de una mayor formación crítica de toda la ciudadanía para advertir los mundos de significados que recorremos en nuestras rutas de navegación.

La comprensión humanística de esas narrativas, mitos, valores, nuevos significados y afirmaciones que reclaman el estatus de verdad en el mundo de la tecnocultura, y especialmente el ciberespacio, requiere de la categoría género y de la acción crítica constante ante las reelaboraciones y resistencias a la presencia de las mujeres y valores diferentes en el espacio privilegiado de la construcción de los mapas que guían nuestros pasos, orientan nuestros proyectos y definen el espacio de lo imaginable.  Representaciones visuales, narrativas, ficciones, codifican nuevas relaciones sociales y con el mundo. Debemos ser, por ello, activas co-productoras de los significados que pueblan el ciberespacio y dan forma a nuestra cultura.

Imagen de Girls in ICT



03 enero 2015

La interpretación genérica de las metáforas de Bacon. Dos visiones.


Es cierto que no situamos a Francis Bacon (1561-1626) en relación a ninguno de los grandes descubrimientos que modificaron en profundidad el conocimiento de nuestro mundo al principio de la época moderna. Sin embargo, hizo una decisiva contribución al nacimiento y legitimación de la ciencia moderna. No sólo al defender la necesidad de la reforma de la filosofía natural y el desarrollo de una nueva vía de investigación de la naturaleza, sino también al dibujar ciertos temas que se sitúan en el centro de los debates de la modernidad como son: la función de la ciencia en la vida humana, las metas y valores que deben caracterizar el conocimiento científico, la ética de la investigación científica y las formas en que este tipo de conocimiento debe trasmitirse y presentarse a sí mismo en comparación con otras formas de la vida cultural. En otras palabras, construyó la imagen de la ciencia moderna. Dotó a la ciencia de un ethos y una función social. Definió el objetivo de la investigación de la naturaleza: el progreso y la mejora de las condiciones de vida humana, la superación de miserias, enfermedades y necesidades. Además, mostró que una empresa de tal envergadura debía ser una tarea colectiva. La investigación de la naturaleza debía estar basada en la comunicación de las personas implicadas y comprometidas en una misma empresa de progreso generación tras generación. Anunció la emergencia de la ciencia como institución social apoyada por la sociedad y definió el nuevo sujeto de la ciencia, un sujeto de un cariz cultural muy diferente al filósofo académico, el sabio antiguo, o el mago renacentista. Ese sujeto de la ciencia es también un sujeto masculino.

La retórica baconiana ha sido objeto de análisis diversos desde distintas perspectivas e intereses cognitivos. Desde el ámbito de la literatura, la historia de las ideas, los estudios de retórica de la ciencia y la contemporánea crítica feminista de la ciencia. Desde la perspectiva de género, autoras como Sandra Harding, Carolyn Merchant, Evelyn Fox Keller o Londa Schiebinger, han analizado cuidadosamente el papel y significado de las metáforas de Bacon y han incidido particularmente sobre el texto titulado: Temporis Partus Masculus (que Farrington tradujo como El nacimiento masculino del tiempo). A juicio de estas autoras, Bacon dibuja en este texto una completa imagen del nuevo científico masculino que utiliza métodos e instrumentos para desvelar los secretos de una naturaleza que queda completamente feminizada e inerme ante los poderosos métodos de la ciencia moderna que permiten analizarla, trocearla, ‘violentarla’ para que revele su verdad.

Este análisis del lenguaje y los valores asociados a la nueva figura del científico diseñada en el programa de Bacon se completa con un análisis de algunos elementos históricos y contextuales que introducen nuevos elementos en la interpretación del programa de Bacon y los modelos de los que se sirve. En concreto, C. Merchant avanza la tesis de la analogía entre la metodología científica propuesta por Bacon, con los métodos aplicados por la inquisición en el proceso de la caza de brujas. ‘Arrancar’ las verdades de la naturaleza (femenina) usando los instrumentos ‘mecánicos’ de tortura es la tarea del inquisidor.


Malleus Maleficarum, texto usado en los procesos contra las brujas.


La tortura era el método usado por los inquisidores para arrancar la verdad a las brujas

Pero más que ninguna otra idea, a juicio de las autoras, la descripción de Bacon de las actividades realizadas en los laboratorios de la Casa de Salomón dibuja la imagen de las actividades realizadas por los hombres de ciencia en el marco de las nuevas sociedades científicas. El  objetivo era recrear la naturaleza en el laboratorio de forma artificial con la ayuda de recursos instrumentales o tecnológicos, pero lo más importante es que este recurso permitía la manipulación, la intervención en ella. La idea de la manipulación de la naturaleza en beneficio de la humanidad contenida en el programa de Bacon es, según la controvertida tesis de C. Merchant, la principal causa del deterioro medioambiental actual. En sus palabras:

El programa baconiano, tan importante para el nacimiento de la ciencia occidental, contiene un conjunto de actitudes hacia la naturaleza y el científico que ha reforzado las tendencias hacia el crecimiento y el progreso inherente al capitalismo incipiente. (C. Merchant, 1990, p.185)

La metáfora baconiana central, la ciencia como poder, y poder asociado al hombre, al científico que interviene en la naturaleza inerte, proporcionó la ‘imagen que permea la retórica de la ciencia moderna’ (E. Fox Keller, 1989, p. 56) Un diagnóstico compartido también por Adorno y Horkheimer y la Escuela de Frankfurt.

07 diciembre 2014

¿Cuál es el futuro de los Estudios Feministas sobre la Ciencia?


A punto de comenzar mi curso sobre Epistemologías Feministas en el Máster de Estudios de Género y Políticas de Igualdad de la ULL, adelanto a mis alumnas algunos de los problemas y lecturas imprescindibles hoy en nuestra reflexión sobre el estado actual de los estudios feministas de la ciencia y la tecnología.

En primer lugar, como señala Londa Schiebinger, es necesario debatir sobre las prioridades que dan sentido a las investigaciones y a las inversiones en investigación y preguntar ¿cómo se toman las decisiones acerca de lo que queremos conocer en el contexto de los recursos limitados? Es necesario también analizar los planes o medidas institucionales, sean “colegios invisibles” informales o rigurosamente formales universidades y sociedades científicas, y cómo estructuran el conocimiento que difunden. El análisis de las culturas de la ciencia refleja los procesos de regulación del comportamiento de sus practicantes fomentando estilos intelectuales que guían programas de investigación. La referencia a Helen Longino y al papel que el “background de asunciones”  juega en el marco de las comunidades científicas es central. Es importante también decodificar el lenguaje y la representación iconográfica de esas culturas científicas ya que éstas son las vías más efectivas para la trasmisión de estereotipos y de un universo conceptual en el que la mujer científica es considerada una extraña. Es necesario, finalmente, reconsiderar las definiciones de ciencia: hoy día no emplear el género como categoría de análisis en cursos y reflexiones sobre las diferentes disciplinas científicas puede ser considerado claramente irresponsable o anacrónico, en todo caso, incompleto o sesgado.

Pero no es suficiente con entender cómo se produce la ciencia, y proceder a la crítica, tal como afirma Londa Schiebinger necesitamos desarrollar vías más prácticas y constructivas de empleo de las herramientas del análisis de  género para crear lo que llamó hace años “ciencia sostenible” y cuya propuesta sigue teniendo una gran actualidad: la ciencia defendida desde los compromisos feministas es ante todo ciencia sostenible. La ciencia sostenible deja de prestar atención como ocurre con la epistemología clásica al interrogante ¿cómo conocemos? para dirigir su atención hacia la cuestión de las metas y resultados de la ciencia: lo que conocemos y lo que no y por qué. La cuestión básica ahora es: ciencia ¿para quienes?, ¿cómo influye en nuestro conocimiento el hecho de que haya excluidos de la ciencia, qué proyectos y metas son perseguidas y cuáles ignoradas?, ¿qué experiencias son consideradas válidas o adecuadas y cuáles no?


Son precisamente este tipo de decisiones las que configuran en gran medida la práctica de la ciencia y las que en último término definen cuáles son los problemas relevantes y el tipo de soluciones aceptables. Una vez que un problema ha sido definido, una es la solución más adecuada, pero el problema pudo haber sido definido de otra forma, e incluso otros problemas pudieron haber sido planteados como más relevantes. Es esta una clara conexión de las metas del feminismo con las metas de las sociedades democráticas: el bien común. El feminismo nunca viajó solo, la asociación de las luchas por la igualdad de las mujeres con las luchas solidarias de apoyo a grupos minoritarios excluidos de las sociedades, la defensa del ecologismo, el pacifismo, con las formas más actuales de luchas por la equiparación de los derechos humanos, y las críticas a la globalización o la defensa del desarrollo de una ciencia y tecnología responsables que evite el deterioro medioambiental, se da desde los comienzos del movimiento, definiendo al feminismo como un proyecto político.

19 octubre 2014

EnGendering Technologies


La ciencia y las tecnologías han dado forma a nuestras sociedades globales, también a nuestras vidas y nuestras relaciones, de forma creciente en las últimas décadas. Al mismo tiempo, no debemos olvidar que los valores, roles y estereotipos en nuestras sociedades también contribuyen a dar forma a la manera en que utilizamos, diseñamos y producimos tecnologías. Tenemos que abordar esta influencia bidireccional desde la perspectiva de género ya que el uso de “género” como una categoría analítica nos permite avistar los sesgos y las claves de la construcción social de los sujetos de la ciencia y la tecnología.

No es esta una tarea nueva. Ya han pasado décadas desde los iniciales trabajos en ciencia y género que desarrollaron diferentes líneas y perspectivas y cuyas autoras: S. Harding, Helen Longino, E. Fox Keller, Ruth Bleier, Londa Schiebinger y, por supuesto,  Donna Haraway, entre otras muchas más, son ya ampliamente conocidas. Perspectivas que transitaron desde el empirismo feminista, a las perspectivas neomaterialistas y hasta las posiciones postmodernas y las ciberfeministas actuales que ponen el acento en la necesidad de una apropiación crítica de las tecnologías, que permita la participación de las mujeres y otras minorías en la generación de nuevos discursos, nuevos significados y cultura.

Las primeras etapas de la crítica feminista de la ciencia y la tecnología (años 70 y 80 del  S. XX) nos ilustraron sobre los sesgos de géneros presentes en la ciencia, lo que generó un debate epistemológico sin precedentes al hacer visible el papel de los valores en el núcleo mismo de la creación de los conocimientos poniendo en duda la supuesta neutralidad, objetividad y racionalidad en mayúsculas de la ciencia; y nos mostraron los mecanismos de exclusión de las mujeres de la profesión, lo que permitió recuperar y visibilizar a las mujeres a lo largo de la historia de la ciencia, tareas en las que se siguen generando nuevas investigaciones.

Los debates actuales del tecnofeminismo y el ciberfeminismo exigen tener mucho más presente las dinámicas de la generación de conocimientos y el papel de los sujetos y sus compromisos en la práctica científico-tecnológica actual. El panorama muestra una muy rica pluralidad de posiciones, herederas unas y divergentes otras con las perspectivas desarrolladas en las décadas anteriores. Así, por ejemplo, en los 90, las teóricas y activistas criticaron la tecnofobia presente en muchos desarrollos teóricos apostando por visiones de la tecnología más acorde con su potencial transformador. Conscientes del papel central de las tecnologías, especialmente las TIC, hoy, hay una gran cantidad de investigaciones desde diversas disciplinas que abordan la infrarrepresentación de las mujeres en la ciencia y las tecnologías y los análisis subrayan:

14 agosto 2014

Mujeres y Matemáticas



La imagen de la ciencia como actividad objetiva, racional y neutral, inmune a los valores culturales y sociales, y regida por criterios de cientificidad considerados seguros e inmutables, proviene fundamentalmente del carácter de la demostración matemática. La ciencia usa un lenguaje preciso, somete a prueba sus afirmaciones, demuestra matemáticamente sus hipótesis. Y en aquellos casos en que se advierte la presencia de sesgos o intereses, constituyen un buen ejemplo de ‘mala ciencia’ que la propia ciencia debe sancionar y rechazar. Es cierto que la práctica científica  tiene sus propios filtros, pero no es menos cierto que incluso las matemáticas reflejan, si observamos detenidamente la cuestión, los valores de la cultura y momento histórico en que se desarrollan muchos de sus presupuestos. Así, podemos preguntarnos por qué diferentes sociedades o civilizaciones han tenido diferentes versiones de las matemáticas, pero también cuándo y por qué surge la cuestión de la probabilidad, o el cálculo infinitesimal, a qué problemas daban respuesta estos desarrollos matemáticos y otros más recientes y qué valores reflejan. Las matemáticas son también, en gran medida, contextuales. 

La ciencia es mujer

El conocimiento y el desarrollo de las matemáticas es la piedra angular sobre la que descansa la ciencia moderna. Las ciencias, configuradas bajo los valores de la objetividad, la prueba, la demostración matemática y la racionalidad, eran siempre representadas como mujeres en el proceso de la llamada revolución científica . La ciencia es mujer según la tradición que comienza al menos desde el siglo VI, cuando Boecio representa  a la Filosofía como una mujer hasta bien entrado el S. XVIII


Ciencias representadas como mujeres



En la Iconografía (fundamentalmente renacentista) la Geometría como práctica contemplativa está personificada por una elegante y refinada dama, ya que las funciones geométricas, en tanto que actividades mentales intuitivas, sintetizadoras y creativas, pero también exactas, se asocian con el principio femenino (aunque algunas teorías de la lateralización cerebral afirman justo lo contrario). Ahora bien, cuando estas leyes geométricas se aplican en la tecnología de la vida diaria, se representan como el principio masculino y racional: la geometría contemplativa se transforma en geometría práctica

Geometría 

La Aritmética también está personificada por una mujer, pero no tan ilustre y noble en su vestimenta como la Geometría, lo cual indica quizá simbólicamente que la Geometría se consideraba un nivel superior de conocimientos. En sus piernas aparecen dos progresiones geométricas. La primera serie, 1-2-4-8 baja por la pierna izquierda, asociando los números pares con el lado femenino, pasivo, del cuerpo y la segunda serie 1-3-9-27 baja por la pierna derecha, asociando los números impares con el lado masculino y activo: una asociación que se remonta a Pitágoras, quien llamó a los números impares masculinos y a los pares femeninos.

Representación de la Aritmética en la Margarita Philosophica (1503)